Llama la atención el espanto que manifiestan muchos líderes en relación con el auge de la criminalidad en nuestro país, como si esto les fuera ajeno.
Los dominicanos hemos perdido uno de los principales activos que teníamos como país, la paz y tranquilidad en nuestras calles, así como la confianza en la gente. Este no es un hecho que surgió por generación espontánea, ni de un día para otro. Es la consecuencia de una larga cadena de negativas acciones.
Una sociedad necesita de modelos, en los hogares, la escuela, la universidad, los líderes, las autoridades.
Para nadie es un secreto que nuestra escuela ha estado en crisis, basta con observar los pésimos lugares que ocupamos en todas las mediciones internacionales.
Y no solo la escuela no ha servido para formar académicamente a los alumnos, sino que olvidó su misión de formar ciudadanos responsables y con valores, conscientes de sus deberes pero capaces de exigir sus derechos. El mensaje que ha recibido nuestra población en medio del vacío en muchos hogares y las escuelas, es que se vale por lo que se tiene, no por los méritos, la honradez o la preparación; y que la mejor forma de alcanzar rápidamente el ascenso económico y social es metiéndose a la política, “fajándose” por un partido o candidato ganador.
Los líderes políticos que se rasgan las vestiduras ante el aumento de la criminalidad, parecen no darse cuenta de que cada vez que cometen un acto de corrupción o han sido cómplices de éstos para proteger a los suyos, o cada vez que piensan únicamente en sus intereses y los de su partido para decidir acciones sin medir las consecuencias para el país; dan un mal ejemplo a la ciudadanía convirtiéndose en malos modelos.
Muchos se sorprenden cuando un juez dicta una sentencia complaciente a un acusado, pero desgraciadamente esto no es más que el reflejo de lo que pasa en nuestra sociedad en todas sus facetas, en la que para muchos todo tiene precio. Al menos el Poder Judicial ha demostrado ser capaz de sacar de sus filas a algunos de los que cometen malas acciones, lo que casi nunca sucede con funcionarios que dependen del Ejecutivo.
De la única forma que vamos a poder enfrentar la criminalidad que nos arropa es quitándonos la venda de los ojos para examinar objetivamente las causas de nuestros males. Mientras sigamos tolerando abiertamente la corrupción, sobre todo la pública, no podemos esperar que el narcotráfico, los ajustes de cuentas, los robos, entre otros delitos, no se multipliquen en nuestra sociedad.
Muestra de la impunidad reinante es que en todos los grandes casos de redes de narcotráfico y otros crímenes, los implicados gozan de múltiples identidades, lo que sólo es posible gracias a la corrupción y complicidad. Sin embargo, mientras en nuestro país nadie ha sido sometido por cometer falsedad en documentos públicos, en Puerto Rico una abogada acaba de ser condenada a un año de probatoria y 80 horas de trabajo comunitario, por haber facilitado su dirección al buscado Figueroa Agosto para recibir un pasaporte con información falsa.
Independientemente de la costosa propaganda política que quiere convencernos de lo contrario, la realidad es que lamentablemente nuestro país está mal y seguirá empeorando si no somos capaces de mirarnos al espejo admitiendo culpas y errores.
Marisol Vicens Bello es abogada
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