La llegada de un nuevo año a muchos nos provoca reflexionar sobre lo que no hicimos o hicimos mal para intentar realizar cambios.
Al analizar los acontecimientos que están sucediendo en nuestro país, ante los cuales muchos reaccionan espantados, como si nunca se hubieran dado cuenta de que se veían venir, llegamos a la dolorosa conclusión que los mismos son el producto de una cadena de malas decisiones y acciones, la cual, de no romperse, nos conducirá a peores situaciones.
La sociedad dominicana se ha transformado en muchos aspectos, como indiscutibles progresos tecnológicos, sin embargo, en otros, que tristemente son los fundamentales, seguimos igual o hemos empeorado, como es el caso de la educación.
Desafortunadamente, las oportunidades para muchos se han abierto no a través de la educación sino de otras vías más fáciles y rápidas de enriquecimiento que siempre han tenido como denominador común la ilegalidad.
La podredumbre que afecta muchas instituciones del país, como aquellas que deben velar por la seguridad ciudadana y nacional, no es un hecho nuevo.
Lo que han cambiado simplemente son los negocios ilícitos, hoy liderados por el narcotráfico, pero las malas prácticas existían.
Es un secreto a voces que la inmigración ilegal haitiana ha sido realidad porque constituye una fuente de lucro para algunas autoridades, así como los viajes ilegales, la venta a la luz pública de artículos pirateados, etc.
También es un hecho conocido que la corrupción siempre ha estado enquistada en instituciones públicas, basta recordar los escandalosos traspasos de inmuebles del CEA, la bochornosa repartición de vehículos robados entre altos mandos, las ilegales comisiones en negocios de compras, entre otros.
Ante semejante situación, el narcotráfico ha encontrado un buen caldo de cultivo que le ha permitido ir permeando nuestra sociedad desde hace tiempo ante la pobre acción de nuestras autoridades que han preferido ponerse una venda en los ojos para no ver, lo que muchos veían.
El dinero sucio ha sido parte del crecimiento económico que con orgullo exhibimos, del auge de la construcción y su burbuja de precios, del alto consumo en artículos de lujo y del excesivo gasto en campañas políticas.
Por eso, para poder resolver el gravísimo problema del narcotráfico así como muchos otros que afectan al país, necesitamos más que equipos sofisticados y nuevas leyes u órganos especializados, comenzar a erradicar las malas prácticas que impunemente han florecido en nuestra sociedad, enriqueciendo a unos cuantos y castrando el desarrollo colectivo.
Mientras la corrupción a todos los niveles siga sin castigo judicial y sanción moral, mientras se permita la comisión de delitos por parte de autoridades como la apropiación de bienes incautados o recuperados, se excuse la violación de leyes, se designen o mantengan en cargos personas corruptas porque son aliados del gobierno o conviene tenerlos tranquilos, entre otras muchas cosas, no solamente no podremos luchar contra el crimen organizado, sino que no podremos avanzar como nación, por más propaganda oficial que se haga.
No hay ilegalidad ni corrupción buena, siempre son malas.
Si toleramos la ilegalidad y la corrupción en algunas cosas, no podremos luchar contra las mismas en otras.
Marisol Vicens Bello es abogada
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Marisol Vicens Bello Abogada. Egresada de la Universidad Iberoamericana. Université Paris II Panthéon-Assas. Presidenta de la Confederación Patronal de la República Dominicana. |
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