El problema que impide que las cosas avancen realmente en nuestro país, es que los temas se discuten con gran pasión y luego caen en el olvido sin que se ejecute lo que se ha pactado; pasándose con el mismo fervor a discutir otro que también será olvidado.
Es el caso del manido reclamo de una agenda nacional, que se ha solicitado hasta el cansancio y en más de un pacto el liderazgo político se ha comprometido en establecerla.
Mas sin embargo, a pesar de que la Ley 498-06 que crea el Sistema Nacional de Planificación e Inversión Pública establece que la estrategia de desarrollo definirá la imagen-objetivo del país, la cual por mandato del Reglamento de dicha Ley deberá ser concertada y aprobada por el Congreso en junio del 2009; pero ni siquiera ha comenzado a ser consensuada como debió hacerse en la segunda fase de la Cumbre de Unidad Nacional convocada por el Presidente en febrero.
Cualquiera pensaría que somos incapaces como país de llegar a acuerdos o de trabajar un tema hasta agotarlo, sin embargo, el reciente caso de la aprobación de la reforma constitucional demuestra fehacientemente que cuando el poder político decide hacer algo nadie lo para, y es capaz, para lograr el objetivo, de articular los acuerdos que sean necesarios.
Esa voluntad férrea que impulsó la reforma constitucional que inició su discusión en la Asamblea Revisora en marzo y que concluyó hace unos días, es lo que ha faltado para echar hacia delante muchos otros temas, como el más importante de todos, la definición de un plan y visión de país que impida que sigamos dando palos a ciegas; a la merced de los proyectos de cada presidente o funcionario de turno y que continuemos gastando más recursos para ver lo que hicieron otros países para avanzar, como Taiwán, Corea, Chile o Irlanda, que no fue otra cosa que decidir qué tipo de país querían ser y trabajar para lograrlo.
Si ese plan-país estuviera definido nos hubiésemos evitado muchos desaciertos en el sector eléctrico, en el que ha quedado a la vista de todos que la visión reformadora tiene muchos logros que exhibir y la estatista, que ha primado en las últimas cinco décadas y sobre todo en los últimos años, sólo ha servido para impedir el desarrollo y las inversiones, así como para desperdiciar recursos en corrupción y clientelismo.
Como una muestra más de que no cumplimos lo que acordamos, en la Mesa de Electricidad de la referida Cumbre con mucha dificultad pudieron concertarse algunas medidas, ninguna de las cuales han sido ejecutadas.
Llamamos la atención especialmente sobre una que no debería ser necesaria y es el recordatorio al Poder Ejecutivo de la necesidad de verificar que de conformidad con el artículo 32 de la Ley de Electricidad el Consejo de la Superintendencia durará hasta 4 años de manera inamovible, por lo tanto sus miembros no podían ser reelectos en sus cargos como erróneamente se hizo.
Por eso muchos sentimos constantemente una sensación de “déjà vu” cada vez que los medios reseñan sobre temas fundamentales como la educación, la electricidad, el transporte y salud pública, la competitividad, la necesidad de fomentar una cultura exportadora.
Parecería que estuviéramos leyendo periódicos de ayer porque los temas en nuestro país no se resuelven, sino que se reciclan, porque simplemente un tema mata otro tema.
Marisol Vicens Bello es abogada
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Marisol Vicens Bello Abogada. Egresada de la Universidad Iberoamericana. Université Paris II Panthéon-Assas. Presidenta de la Confederación Patronal de la República Dominicana. |
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