Desde el inicio del pensamiento libertario proponente de independencia y soberanía para los habitantes del este de la isla Española, sus promotores iniciaron gestiones para emanciparse bajo un régimen de dependencia extrainsular.
Los diferentes líderes condujeron negociaciones abiertas o calladas con representantes de las potencias del momento en Europa y los Estados Unidos, e inclusive la Gran Colombia.
No se confiaba en la posibilidad para sostener la soberanía frente a un adversario superior en número y recursos, tanto económicos como bélicos. Aún así gana su independencia y nace la República Dominicana en 1844, solo para caer en 1861 por voluntad del dictador Santana bajo el redil del imperio español, que lo había abandonado en 1563, regalado a Francia en 1795 e ignorado en 1808.
Resplandeció el patriotismo dominicano con la restauración de la soberanía nacional y la evacuación de las tropas imperiales en 1865. Debió haber sido el final de las gestiones de dependencia, pero no fue así. Había depredadores al acecho.
Durante el mismo año de 1865, un exiliado patriota participante de una reunión alzó su copa en brindis por las “esperadas glorias de la gran nación norteamericana... al futuro grande y glorioso prescrito para nosotros por el destino manifiesto y la grandeza de la raza anglosajona... Brindo por unos Estados Unidos... con frontera norte en el polo norte, sur en el polo sur, este en el sol naciente y oeste en el sol poniente”. Otro alzó la suya “por unos Estados Unidos con frontera norte en las auroras boreales, sur en la procesión de los equinoxios, este en el caos primigenio y oeste en el juicio final”.
Había sido secretario de Estado durante el gobierno de Abraham Lincoln y, tras su asesinato, de Andrew Johnson. William H. Seward, partidario de la extensión territorial norteamericana, incluyendo hacia Mesoamérica y el Caribe, hizo contactos con el presidente Buenaventura Báez al final de 1865, en las palabras de Detlev Julio K. Peukert, “con dos personajes bastante oscuros: Joseph Fabens, un coronel norteamericano, que se vanagloriaba de su participación en la anexión de Texas, y Cazneau, un general que defendió sus intereses de lucro hasta por el precio de un soborno abierto de los representantes estadounidenses”.
Seward viajó a la República Dominicana temprano en 1866, llegando a acuerdos con Báez que no pudieron ejecutarse de inmediato al ser derrocado éste por una conspiración dirigida por Luperón, porque el gobierno norteamericano estaba todavía pendiente de la resolución del proceso judicial de recusación abierto contra el presidente Andrew Johnson y porque el nuevo gobierno de Cabral no tomó iniciativas dada la oposición de Luperón.
Marcos Taveras esconsultor privado
Comentarios (0)