El título se refiere a empresario y empresa, términos originarios del francés viejo, provenientes del verbo entreprendre, compuesto a su vez de dos palabras: entre (espacio interior de algo) y prendre (tomar). El verbo simboliza la acción de tomar lo que está en el medio, tal que conquista.
Entreprendeur es el que toma o conquista y enterprise, participio del verbo, es el producto de la acción. A las naciones de habla hispana llegó conceptualmente la terminología francesa desde el inglés, con etimología que proviene del latín vulgar imprehendere, que significa llevar a cabo algún propósito, del cual se derivan empresario, el protagonista de la acción, y empresa, que refleja los fines de la acción. La fuente principal del empresariado ha sido la producción excedentaria de algunos rubros productivos y la escasez de otros.
Desde cuando Sumeria, el oriente ha visto en Fenicia, Babilonia, Egipto, Arabia, Minos, Grecia, Persia, India, China, etc., la conformación de empresas mercantiles que aprovecharon los faltantes y sobrantes de la dispersión geográfica para mejorar el estándar de vida de todos, mientras producían riquezas propias, así como para estimular la creación del importante sector de servicios de apoyo y complementarios, productor de empleos y nuevas riquezas.
Dicho a esta velocidad, parecería que el bienestar se debe exclusivamente al empresario, que ha desarrollado toda una ideología de liberalismo económico que justifica su propuesta de no interferencia por parte de instituciones estatales para controlar la actividad empresarial.
En este momento, sin embargo, somos mayoría quienes la consideramos causa del deterioro de nuestras vidas y de la depredación del planeta. Estoy muy consciente de que el Estado dominicano no ha tenido un comportamiento adecuado para entregar a los ciudadanos de mañana herramientas apropiadas para enfrentarse al futuro.
Tampoco la escuela privada. En menos de un kilómetro cuadrado habitado por gentes de clase media y media-baja, pude contar unas 20 escuelitas privadas, con salones de clases calurosos, atestados, muchos de ellos albergando generaciones de estudiantiles mixtas.
Nuestros gobiernos han propiciado que se dé esta coyuntura, que permite a ineptos lograr convertirse en paradigmas de la educación, con solo cambiar el delantal de doméstica por el traje y la pose de directora.
La escuela privada dominicana empezó así: “Hernando Gorjón ha pasado a la historia como piadoso, benemérito, filántropo, protector de la educación, los enfermos y pobres cuando, en realidad, se ha denunciado que era un pícaro, jugador, fullero, explotador y tramposo que estando en bancarrota y endeudado donó sus bienes para evitar que sus acreedores se los ejecutaran” (Angela Peña).
Así hemos seguido durante 480 años, hasta con tiempos peores.
Marcos Taveras es consultor empresarial
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