Para juzgar la posición de los dueños de escuelas privadas podría asumirse la existencia de una demanda insatisfecha que ofrece oportunidades de inversión a empresarios dentro de un mercado abierto, imperfecto y manipulable.
No son aplicables las leyes de la economía como ciencia al mercado de la educación como satisfactor porque no estamos frente al mercado perfecto de Adam Smith, quien infirió del poder de Dios el resultante precio justo de la interacción de entidades sin poder decisorio (casi infinito número de suplidores y consumidores).
El propio Adam Smith sabía que el mercado es manipulable, pues desde su rol de empleado de la Compañía de las Indias Orientales recomendó a la corona inglesa la obliteración del equilibrio del mercado del opio que el imperio producía en la India, promoviendo la adicción de la clase gobernante de China, la mandarín, a la droga, para someterla y generar artificiosos incrementos en la demanda, fruto de la adicción y el adormecimiento de su capacidad guerrera, lo que implantó la corona inglesa y suplementó con su poder naval para cambiar las características del bien y para someter a la China.
En verdad y en toda ocasión, mandantes, sectores y empresarios han actuado a conciencia sobre los mercados para asegurarse de que éstos no exhiban como características mercológicas las premisas del modelo postulado por Adam Smith, para cuando menos poder fijar administrativamente, ya con base intuitiva o experimental, precios que les produzcan máximos ingresos, dentro de supuestos parámetros mercológicos.
En el caso específico de los bienes o servicios vitales para el desarrollo humano, como la educación y la salud, creo que solo organismos representativos de la sociedad y mediante procesos legítimos deben ser los que determinen el precio de mercado del bien, no solo por su altísimo valor socioeconómico, sino también porque su acceso es de alta prioridad para la sociedad como un todo, al formar parte del conjunto de derechos inalienables del hombre y porque es la única garantía de que la sociedad actual desarrolle los entendimientos demandados por la de mañana.
La liberación de la educación a los vaivenes del mercado es injusta no solo porque los poderosos pueden fijar precios de sus conveniencias económicas y financieras.
También porque debemos desarrollar un mecanismo para controlar el agio y el afán de lucro tan en boga en las sociedades de esta era, que desde los postulados de Smith se nutren del injusto laissez faire, laissez passer para imponerse en el mercado.
La educación es bien prioritario y estratégico y su acceso es constitucionalmente un derecho. Quien se meta a organizar empresa para entregar el servicio debería siempre recordar eso.
Marcos Taveras es consultor empresaria
mtaveras@elcaribe. com.do
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