Cuando la monarquía británica decidió expandir su imperio a finales del siglo XIX, clausura y asume en 1858 la administración de la Compañía de las Indias Orientales, que entonces controlaba buena parte del territorio, la economía y la política de India, negocio que sostendría la economía inglesa, talvez hasta el presente, desarrollando el mercado internacional de estupefacientes que había nacido durante el siglo XVIII con la política británica de exportación de opio indio que dictó en apoyo de tal empresa para someter y debilitar al pueblo chino mediante la adicción.
Como el emperador chino solo aceptaría monedas de plata en pago por el té, la seda y otras exportaciones; como las reservas inglesas de plata eran tan bajas y tan altos los desembolsos previstos para las importaciones desde China, y por tanto previsible que pudiera ponerse en peligro la estabilidad financiera del imperio, el rey George III ordenó a la Compañía de las Indias Orientales que empezase a enviar grandes cantidades de opio desde Bengala, India, hacia China, para resolver tanto el problema financiero como para estimular la adicción a la droga de la clase mandarín.
Dos guerras del opio tuvo que sufrir China para ser sometida a la voluntad del imperio traficante de drogas que, en apoyo a sus empresas importadoras y exportadoras, de distribución, de logística, de apoyo administrativo, y su banca comercial multinacional, envilecieron al pueblo chino, con pérdidas humanas, de parte de su soberanía y de cuantiosos recursos financieros, mientras el Imperio Británico convertía en honorables sus criminales y sucios negocios.
Según Lyndon Larouche, la China no es víctima única. También los Estados Unidos de América estaban incluidos entre los designios oprobiosos del nefasto régimen de la corona británica, que consiguió infiltrando quinta-columnas en importantes instituciones de la sociedad norteamericana para desarrollar una infraestructura de comercio ilícito e iniciar un mecanismo para que sus implantes dominasen las estructuras de poder de EUA.
Por el momento, basta mencionar que los nombres de los primeros contrabandistas de drogas en norteamérica eran asociados o empleados de los británicos que manejaban los mismos bienes. De forma similar, Elihu Yale, en honor de quien la conservadora y prestigiosa Universidad de Yale lleva el nombre, fue un comerciante galés del opio empleado por la Compañía de las Indias Orientales, en China, que hizo importantes donaciones a la institución educativa.
Igualmente, entre los nombres legales de Skull and Bones aparece registrado por uno de sus fundadores el suyo propio, habiendo sido también comerciante empleado por la misma empresa en el mismo país, con nombre que todavía conserva la organización más influyente en la historia del poder norteamericano: Russel Trust Association.
Marcos Taveras es consultor empresarial
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