La primera ocasión de Norteamérica para ratificar su hegemonía se dio con los ataques del 911 en NY y en Washington. Ante ataques de tal envergadura, la cúspide americana tenía que elegir entre dar respuesta apegada al derecho o reafirmar su condición de poder supremo.
Siendo nación creyente en el buen funcionamiento de su sistema judicial y la justeza de sus leyes, y porque las acciones se ejecutaron en su propio territorio, lo normal habría sido encaminar esfuerzos hacia la búsqueda y enjuiciamiento de sospechosos y al logro de sentencias definitivas para los culpables.
Esta vez, el presidente Bush decidió continuar la construcción del nuevo orden mundial prometido por su padre, el otro presidente Bush, declarando una guerra que incumplía requisitos semánticos, legales y constitucionales, sin identificar nación agresora alguna, porque no la había, y cercenando libertades ciudadanas. El enemigo identificado fue Al-Qaeda, organización que operaba en Afganistán defendiendo los colores norteamercianos y afganos desde la alianza entre todos para combatir la URSS; Afganistán en 2001 bajos las botas del talibán forjado con auspicio norteamericano sin pensar que, para los fundamentalistas, EUA es tan infiel y transgresor como la URSS.
Como Al-Qaeda operaría en 48 o más países, Bush definió objetivo geográfico al indefinido Estado protector de terroristas y lo asoció al islam como religión nacional. Conminó al gobierno afgano a entregar a Bin Laden y a todos los terroristas de Al-Qaeda o recibir la guerra. Los talibanes dieron dos declaraciones: que no lo entregarían sin pruebas de culpabilidad y que estaban prestos a discutir una salida pacífica y negociada a la crisis. Ambas declaraciones fueron ignoradas por EUA. ¿Era culpable Bin Laden? Dijo que lo alegraba el resultado del 911, pero que no estaba involucrado. Sobre el tema, Dallanegra comenta: “Más allá de existir pruebas fehacientes sobre la intervención de grupos liderados por Bin Laden, el gobierno norteamericano decidió que fue él el causante.
El propio primer ministro británico, Tony Blair, en discurso dicho ante la Cámara de los Comunes, confesó que las pruebas no eran suficientes como para llevar a Bin Laden ante los tribunales. Lo mismo dijo el coordinador del contraterrosimo del Departamento de Estado de EUA, Frank Taylor, presente en la reunión del Consejo de la OTAN. Afganistan fue invadido, su gobierno derrocado e impuesto otro, como en Iraq, incapaz de pervivir sin los invasores, pero sí de someter al pueblo orgulloso de su lucha por la independencia.
Descubiero su escondite, Bin Laden fue capturado y asesinado, y sus restos fueron lanzados al océano. No recibió oportunidad de demostrar inocencia, algo presumido hasta sentencia judicial definitiva, luego de un juicio oral público y contradictorio.
Marcos Taveras es consultor empresarial
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