Podría definirse al Estado como entelequia formal egoísta, excluyente, injusta y violadora de principios básicos de derechos humanos para alejarlos de riquezas, beneficios y domicilio en el territorio que domina, a través de documentos autodefinidos que le entregan absoluta justeza, equidad y legitimidad a sus actos discriminatorios y de sometimiento.
Hay dos tipos de Estado. El que puede hacer cumplir sus pretensiones y el que no puede, pero se pliega a aquél. Los primeros han sido los imperialistas de la historia, los últimos, payasos que imitan con la esperanza de ser imperio algún día.
Con la decisión de pos guerra de la ONU, los pueblos sometidos ganaron la esperanza de tener autodeterminación. Inició el poder hegemónico, la era de la calificación nacional, de la persecución ideológica, del desarrollo de mercados internos ilegales de suministro foráneo, de coartación del desarrollo científico y tecnológico a los débiles, de la intervención por cualquier vía para impedir la competencia ideológica o económica, incluyendo la guerra preventiva total, y la persecución de organizaciones creadas en terceros países con auspicio de las suyas para suministrar bienes, sin que se pasase legislación que penalizara el consumo.
La coca es bien usada desde hace un siglo en su economía y consumido en sudamérica desde hace siglos, que sus técnicos convirtieron en droga alucinante y entregaron a sus juventudes y a sus ricos como panacea de la felicidad.
Desde hace pocos meses, han conseguido infiltrar con «luchadores de la libertad» en nordáfrica y oriente medio a regímenes de fuerza creados o apoyados por el mismo hegemónico poder, para fortalecer la posición de negociación de su socio Israel, región que convulsiona con los efectos de una lucha aparentemente justa, que solo tiene de beneficiarios a los socios mencionados.
La autodeterminación es simple mito. Todavía los imperios que los explotaron se hacen cargo de actuar en nombre de los pueblos sometidos, usurpando voluntades en la comisión de actos de guerra contra sus enemigos del momento, violando fronteras y soberanías, aun cuando se trate de naciones grandes con acceso a bombas nucleares.
Así fue asesinado Osamma ben Laden por las fuerzas especiales de una nación que tiene como principio fundamental el sometimiento a juicio oral y contradictorio a los acusados, antes patriotas aliados suyo y beneficiario importante de fondos, armamentos y entrenamientos en su lucha contra la Unión Soviética.
Desafortunadamente para el planeta Tierra, los errores de este decadente imperio de la mentira nos seguirán afectando durante tiempo imprevisible, porque a pesar de la perceptible desmejoría de su sistema económico, persiste como la más formidable maquinaria tecnológica de la guerra.
¡Qué pena que no sea de la paz!
Marcos Taveras es consultor empresarial
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