Una presentación que circuló entre amigos sobre el enfoque injusto hacia migrantes desposeídos, insuflada con las injusticias cometidas por las potencias que en Berlín se repartieron África, originó comentarios favorables a España, no mencionada como hacedora de atrocidades condenadas para con otras naciones europeas, a pesar de haber sido España la iniciadora del proceso de conquista.
El imperialismo moderno lo inicia España en África durante el siglo XV con la contratación de los nobles Juan de Béthencourt y Gadifer de La Salle como mercenarios al servicio de Castilla para la colonización de las islas Canarias, con contratos similares al recibido luego por Colón, aunque también hubo acciones emprendidas directamente desde la corona, en epopeya que tomó casi un siglo y produjo, como luego en la isla Española, la casi exterminación de la raza aborigen.
Así, Canarias recibió de España muchas cosas nuevas: etnia, dios, idioma, leyes, usos y tradiciones, incluyendo la incorporación a su sociedad de traidores y la venta como esclavos en Europa a quienes combatieron a los invasores españoles. Canarias, donde vivió Colón, está en África.
Está en paralelo que pasa por las islas del Caribe, lo que insinúa que éste tenía información sobre su pretendido destino, porque navegar desde allí hacia el oeste franco habría implicado inexorablemente su llegada a las Antillas.
Pero, con la expulsión de moros y judíos, España asumía, un día antes de la salida de Colón, un peligro naval por la posibilidad de retaliación ratificada con la posterior aparición de piratas, que la obligó a fortificar sus pertenencias cercanas a sus costas. Así ocupó en el norte africano a Melilla en 1497 mientras se encontraba abandonada y en 1640 consigue que los habitantes de Ceuta prefieran quedarse con España durante la secesión de Portugal.
La Conferencia de Berlín fue celebrada entre las autodenominadas potencias y para entonces España conocía de su debilidad, entrando en el reparto con la esperanza de demostrar su calidad de potencia, algo que quedó en entredicho en su guerra de 1860 con Marruecos, que estuvo a poco de perder contra un enemigo muy inferior en poder bélico, ganando así la paz y mejorando sus defensas en África, tanto de sus posesiones en el norte como en Canarias.
Los territorios que España logró de la repartición de África son pocos. Río de Oro, cedido por Marruecos, Río Muni y la isla Fernando Poo, cedidos por Portugal, y el Sajara Español, unos 24 mil kilómetros cuadrados de territorio de Guinea, colonia que trató como provincia de ultramar donde introdujo el cacao y también logró una de las mejores tasas de alfabetización de toda África para sus habitantes.
Marcos Taveras es consultor empresarial
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