La furia del planeta Tierra muestra que a pesar de la dedicación de los nipones a perfecionar su quehacer artístico, científico y tecnológico, y para conservar sus tradiciones y cultura, los japoneses son humanos, tan capaces de cometer errores garrafales como cualquiera.
A posteriori, como lo hago, se pueden identificar errores fundamentales cometidos durante (1) el proceso de diseño de la estructura, (2) la localización de plantas energéticas movidas por reactores nucleares y de algunos de sus componentes y (3) el mantenimiento de las instalaciones y de los parámetros de cumplimiento.
Esta es labor normal del trabajo de ingenieros de sistema, civiles y geólogos, no solo de físicos e ingenieros expertos en transformar la energía nuclear en servicios demandados por la sociedad. En los tres casos hubó fallos. El primero, diseño estructural, es obvio, porque colapsó la estructura, aunque parece que es error atribuible a otras consideraciones. Se evalúa el costo de erección y sellado de las edificaciones y se describen las consecuencias anticipadas de colapso ocasionado por agresión bélica o sabotaje, sismos, sunamis y tifones.
El segundo factor no es tan obvio ni aparente. El principal suministro diario de las plantas nucleares es el agua, usada como refrigerante para evitar que el proceso alcance temperaturas tan altas que provoquen que la reacción atómica se autonomice, haciéndose incontrolable.
Es tan grande el volumen que en Francia, donde el agua proviene de fuentes hidrográficas internas, sus centrales atómicas usan la mitad de la disponibilidad total devolviéndola a sus fuentes a temperaturas tan altas que afectan la vida acuática. Parecería incontestable la decisión de no usar esa agua como refrigerante en las plantas. El tercero es factor humano, envuelve a quienes se quedan para preservar la utilidad del sistema.
Administrativo y gerencial, tal vez por percibirse como sistema perfecto o infalible, que inhibe el establecimiento de diálogo documentado entre administradores, operadores y controladores, y no examina la adecuación del diseño estructural y la localización frente a información actualizada.
Este fallo lo muestra la OIEA cuando menciona falta de reportaje de eventos, estadísticas y de conducción de inspecciones frecuentes y sistemáticas.
El terremoto no hizo colapsar la estructura. Lo hizo el sunami porque las plantas fueron construidas frente y al nivel del mar, y porque nunca se cuestionaron ni su diseño ni su localización, a pesar de la ocurrencia de eventos catastróficos que debieron activar una conducta para su rectificación o ratificación.
Aquí espero nunca tener que ver a Osiris de León diciéndole a Diandino y a Leonel, sobre su magna obra del Metro, ni a William Jerez, sobre la muerte del Yuna diciéndonos a todos, yo lo advertí muchas veces.
Marcos Taveras es consultor empresarial
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