Las palabras del ministro de Educación no le hacen bien a nadie. Ni a él, ni a su ministerio, ni a los escolares, ni a las escuelas, ni a la familia dominicana, ni a los municipios.
Cree que entregando la responsabilidad a otra institución, él y el Ministerio de Educación quedan fuera del problema. Desafortunadamente no es así, pues se trata de estudiantes de planteles que administra su sistema y de alumnos que ahí estudian y reciben alimentación suplementaria. Es responsabilidad que no puede evadirse.
Talvez el ministro se haya dado cuenta de que lo implantado, por su centralización, es un engendro con demasiado poder político, económico y financiero, y demasiada complejidad administrativa y logística, que le hace perder sueño, descanso y su preciada tranquilidad espiritual.
Si así fuere, lo correcto es descentralizar el sistema para que sea instrumento administrado en el nivel municipal o en el regional.
Lo que pasa, es que hay demasiados administradores del Estado buscando oportunidades de centralizar funciones que contengan grandes erogaciones para con ello hacerse de dinero, aunque sea sucio, entregando soluciones uniformes o estandarizadas a una población que ni es uniforme ni adolece de los mismos problemas de malnutrición, ni siquiera entre los barrios de las grandes ciudades, mucho menos entre los municipios, las provincias o las regiones.
¿Podría un esquema de complementos alimentarios uniformes resolver los problemas de la mala nutrición del escolar dominicano? Respondo rotundamente: no.
Quiere decir este no, que la composición actual del desayuno escolar es inadecuada porque no resuelve el problema nutricional del escolar de los planteles públicos dominicanos.
No lo resuelve porque su objetivo es más político y personal que de salud; es decir, procura ganarle crédito político a la administración y dinero a los administradores, objetivos que conspiran contra el éxito del programa a través del enfrentamiento entre los posibles suplidores de alimentos y de quienes se encargan de la logística.
También quiere decir el no, que la más urgente necesidad de cambio es determinar la composición de las canastas de alimentos a ser entregadas a estudiantes para cumplir el propósito de sostener una población estudiantil sana de cuerpo y mente y no malnutrida por exceso o defecto.Se piensa que la malnutrición es característica de la pobreza de los sectores marginados, a pesar de que las fotos y videos de los medios muestran una cantidad mayor de niños y niñas con sobrepeso.
Entregar fondos de solidaridad para que los niños desayunen antes de irse a la escuela no puede resolver el problema, pues normalmente la madre no tiene tiempo para hacerlo, pero sí tiene demandas económicas suficientes para que el dinero se desvíe hacia otros menesteres.
Marcos Taveras es consultor empresarial
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