En su análisis sobre la ayuda militar norteamericana para el combate al narcotráfico, Bernardo Vega (¿Militares norteamericanos en nuestro país?, Hoy Digital, 9/9/10) señala que “sólo quedan dos alternativas: pedir asistencia militar norteamericana o cierto tipo o grado de legalización de algunas de las drogas”.
Parece obvio que ninguna de las decisiones encaminadas a contrarrestar el narcotráfico ha tenido ni siquiera asomo de éxito y por el contrario sí ha producido enormes daños a las naciones que las empresas corrompen en su afán por satisfacer la demanda, incluyendo enfrentamientos que ponen en peligro la paz social de tales conglomerados y hasta las mismas nacionalidades.
La mayor droga de consumo, la cocaína, principalmente se produce en Sudamérica y se consume en Norteamérica y Europa. Todo el esfuerzo se centra en evitar la producción y su transporte al mercado, ambos vistos como crímenes horrendos. No se aborda, sin embargo, el problema principal, que es el mercado, para cuyo servicio se han creado empresas multinacionales de gran poder militar, logístico, tecnológico, económico y corruptivo.
La demanda de drogas existe, y si no se satisface por medios lícitos se crean mecanismos ilícitos. Siempre ha sido así. Si se hubiera tenido éxito en clausurar la producción de drogas en Sudamérica, se habría cambiado el consumo de cocaína por otra droga y se tendría el mismo problema con drogas sintéticas producidas en Norteamérica o con otras producidas en Noráfrica, Afganistán, Pakistán, Indochina, etc.
Pienso que la legalización del consumo de drogas es decisión que los legisladores tendrán que pasar más temprano que tarde. Lo que hay que responder es cuándo y dónde. Puesto que los segmentos principales del mercado están en Norteamérica y Europa, son las naciones que los componen las que tienen que iniciar el proceso de legalización. La República Dominicana no tiene ahora esa opción.
La legalización de la droga aquí podría convertir al país en un enclave turístico de adictos que sumado a la percepción de ser mercado para satisfacer aberraciones sexuales, muy seguramente nos haría más mal que bien, sin contar la inmediata retaliación del poder norteamericano contra una medida absolutamente contraria a su política de Estado sobre el narcotráfico.
Podemos, sin embargo, promover medidas preparatorias para la legalización en nuestras relaciones con los gobiernos de las naciones consumidoras, para el estudio de la adicción, la definición de estándares, el contenido de piezas legislativas, etc.
Entretanto, debemos procurar ayuda de Norteamérica y Europa en recursos y adiestramientos que hagan más efectiva la detección de las acciones de narcotraficantes y de las empresas por ellos creadas para apoyar todo el proceso logístico y de limpieza de los dineros de la droga.
Marcos Taveras es consultor empresarial
Comentarios (0)