Recibí la noticia de que ayer el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha alertado al Gobierno dominicano sobre cambios ambientales que se nos avecinan, incluyendo alza de temperatura de 5 grados Celsius donde ha habido pérdidas forestales importantes, en la disponibilidad de agua, factor crítico dado el crecimiento poblacional anticipado.
Resalta la baja calidad del aire y recomienda medidas para reducir su polución que principalmente proviene de motores de combustión diesel de vehículos y plantas generadoras de electricidad.
Este adverso desarrollo era de esperarse en parte porque las metas cuantitativas de reforestación planteadas año tras año nunca han sido superiores a la pérdida por deforestación que manos criminales arrancan a nuestros bosques y porque no hemos tenido la precaución de evitar el empeoramiento de la calidad de nuestra atmósfera obligando a productores de electricidad y a adquirientes de plantas en línea a utilizar mecanismos menos contaminantes que los que emplean derivados pesados de petróleo.
Tampoco hemos prestado debida atención al derroche que representa para la economía nacional la tenencia de un parque de transporte público basado en automóviles pequeños y viejos que también, por su parte, contribuyen a empeorar la calidad del aire.
El incremento de la temperatura promedio en cinco grados centígrados, también deberá incrementar el consumo medio de combustibles y evaporar una mayor masa de agua por unidad de tiempo resecando los suelos y haciéndolos menos productivos.
De manera que junto con las demás predicciones empeorará nuestra calidad de vida y afectará la producción de alimentos.
Estamos obligados a prestarle inmediata atención a estos problemas que definiéndolos como prioritarios para que no se llegue hasta un deterioro tal que haga imposible la recuperación. Creo que la principal y más urgente decisión que debe abordar el Estado dominicano es tomar en serio la reforestación para que nos aseguremos de reemplazar no solo todos los árboles eliminados por los indolentes, sino que el número de árboles plantados tenga el efecto de incrementar cada año nuestra área forestal.
Conjuntamente tenemos que embarcarnos en dos procesos de reemplazo. El primero es la sustitución de la flota vehicular pública de carros de concho por un sistema de transporte masivo de pasajeros.
En segundo lugar debemos negociar con las empresas productoras de electricidad el reemplazo de sus unidades contaminantes por otras de mayor eficiencia y menor contaminación. Por último, las agencias que manejan el agua, la de consumo humano y la de regadío, tienen que dejar de contemplar cómo los usuarios desperdician el preciado líquido y empezar a promover y conseguir ahorros significativos.
Marcos R. Taveras es consultor empresarial
Comentarios (0)