Trabajaba en 1974 en el IDSS, como Sub-Director del Hospital Dr. Salvador B. Gautier y en INTEC, como asistente del Decano de Ciencias de la Salud. Recientemente había contraido nupcias, cuando de pronto siento que mi esposa tiene problemas, al menos en apariencia.
La sentencia del Dr. Marcelino Vélez Santana dicta filariasis, después de tomas de muestra de sangre durante la noche. El tratamiento, aunque largo, la cura.
Dos años después trabajaba principalmente como asesor del Secretario de Salud, Dr. Carlos M. Rojas Badía. Un día me dio con leer los diagnósticos del sistema nacional de salud. En una página se afirmaba que la malaria había sido erradicada de la República Dominicana y, al margen con tinta, había escrito el comentario de que la afirmación era mentirosa.
Me propuse averiguar la verdad y encontré que el comentario reflejaba lo cierto: habíanse tratado unos pocos casos de malaria entre inmigrantes haitianos cortadores de caña, aunque también fueron afectados dos dominicanos, ambos residentes en bateyes del Consejo Estatal del Azúcar.
Fui a la biblioteca de la Oficina Panamericana de Salud (OPS) y leí no solo cuanto logré encontrar sobre el tema, sino que sostuve varias conversaciones con algunos de los asesores de la OPS, principalmente el epidemiólogo, quien me guió en los pasos que debía dar para ensamblar un proyecto de erradicación de la malaria en la isla.
Siguiendo sus consejos, propuse al Secretario --en conversación privada – que me permitiese hacer un proyecto conjunto para que con las autoridades sanitarias de Haití y la Asistencia de la OPS/OMS nos embarcaremos en la erradicación de la malaria de la isla. Aunque entusiasmado, me dijo que no iniciase la elaboración sino hasta después de él conversarlo con el Presidente de la República. Una semana después me avisó que éste no tenía interés en el proyecto.
Ahora el Sr. Jimmy Carter, con muy buena voluntad aparente, propone que su organización adjudique fondos para el financiamiento unilateral de un proyecto para erradicar la filariasis y la malaria de la isla. Es medida de sólida apariencia humanitaria, excepto por unas declaraciones de índole política que en mi concepto reflejan la intención de vernos acotejados a Haití como lapa forzada por la voluntad de poderes exógenos que, en contubernio, desean que la isla tenga un solo gobierno, para tratar con dos pueblos muy diferentes como si fueren solo uno.
Personalmente no me sorprenden las palabras de Jimmy Carter, como tampoco me han sorprendido las expresiones de apoyo a un proyecto de fusión que parece tener cabida en las mentes de políticos importantes de los Estados Unidos, Canadá, Francia, y otros países que tienen más compromisos históricos con el pueblo haitiano que nosotros, aunque sus diligencias apuntan como solución el cargarnos a nosotros la responsabilidad por el desarrollo de Haití.
Tenemos que decirle al Jimmy Carter, primero, que nosotros no tenemos una frontera del tamaño de la de los Estados Unidos con México; segundo, que sí podemos vigilarla eficazmente; tercero, que tenemos la voluntad y plena capacidad para controlar la migración ilegal; cuarto, que solamente tendremos la migración que nos sea beneficiosa y, quinto, que si desea cooperación de nuestra parte no meta a Haití y a la República Dominicana en el mismo saco, pues somos dos naciones que supieron luchar por una independencia que vamos a conservar.
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