Hoy estreno mi columna “Reverberancias.” Surge ésta del propósito de elevar la voz de la nación dominicana en su afán por mejorar su calidad de vida y su libertad ciudadana, en momento cuando se procura modernizar su carta magna.
Será instrumento que refleje como eco doliente, demandante y combatiente, la prioritaria satisfacción de las necesidades básicas inatendidas. Aunque se reclama muchas veces crédito por asuntos que no son ni prioritarios ni de interés ciudadano.
Hay tanta duda, tanta queja, tanto dolor, tanta carencia, tanto discrimen, tan injusto reparto de la riqueza nacional, que parece burla de nuestros diputados, esos diputados que nunca nos han representado en concordancia con el mandato constitucional, pero sí logran ser electos con trucos aritméticos.
Como asambleistas, los diputados debieron procurar que los curules sean fruto de elecciones directas, como siempre lo ha mandado nuestra Carta Magna. Pero sí han asumido sus roles de voceros nuestros en el ensamblaje de resoluciones y piezas legislativas cuando les conviene a ellos en lo personal y familiar, convirtiéndonos en cómplices suyos, precisamente por eso de la representatividad.
Con escasas excepciones, son fieles seguidores de mandatos de líderes de partido, y su trabajo es el de mentecatos, de gentes de mentes cautivas por promesas partidarias o por esperanzas de lucro personal.
En un sistema republicano de libertades y representatividad, ninguna sanción constitucional, salvo aquellas que garanticen la libertad individual, tiene más trascendencia que ésta. Por ello me sorprende que ni siquiera se discutiera tan importante tema.
La consideración hasta ahora del proceso de ensamblaje de la nueva Constitución ha sido en buena parte crítica del proceso en sí mismo, así como del nuevo contenido.
Participación Ciudadana lo ha visto tan aberrante que ha invitado a la ciudadanía y a las entidades sociales a expresar su rechazo absoluto a la reforma, porque ve en los resultados un retroceso que no representa a los dominicanos, sino a un grupo que procura beneficencia, y que responde a los partidos políticos.
De igual manera se percibe la eliminación del tradicional derecho ciudadano de visitar las playas, como un cambio para beneficio de extranjeros.
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