Subyace en las palabras de Huxley el fenómeno de la alienación del hombre de su esencia, de lo propio o del yo, que lo hace factible de ser identificado objetivamente como alienado por un observador aunque de hecho no es capaz de percibir su condición.
Se ha desarrollado una estrategia de manipulación a objeto de oponer militantes de mentes carcomidas por expertos ideólogos quienes prestan sus inconscientes seguidores, a quienes estimulan y dirigen para que hagan suyas las causas de proponentes que paguen bien bajo preceptos de nacionalismo, libertad, justicia o defensa del territorio o del ambiente.
Son miembros de una nueva claque doctrinaria internacional que usa un terrorismo apocalíptico para justificar acciones que, en la mayoría de ocasiones, solo procuran impedir el éxito de un gobierno, una estrategia, un programa, una inversión, una empresa…
El designio apocalíptico lo utilizan muy bien y con mucho éxito por el bajísimo costo de la comunicación entrelazada y masiva actual y, principalmente, por el fenómeno de que el trabajo sucio lo realizan los alienados seguidores convertidos, en sus percepciones, en los quijotes modernos que han de salvar la humanidad de los molinos de viento que, en realidad y al igual que ayer, son los reales creadores de riqueza o ignominia.
Curiosas entelequias de la política estos manipuladores, que abrazan causas ajenas para hacerlas apercibir entre sus manipulados como justos fines por los cuales vale la pena entregar vida y libertad, como aporte de heroísmo o martirio, para salvar la familia, la república o el planeta, mientras aquellos hacen carreras políticas y profesionales acumulando recursos con qué solventar necesidades futuras.
Cuando Feuerbach se ocupó de la alienación del hombre, pensó que ésta era producida porque éste entregaba lo mejor de sí, su esencia, a un ente imaginario que debía ser destruido para que se produjera un proceso de desalienación; es decir, para que el hombre volviera a ser hombre libre, recuperando su esencia.
Esta gente de ahora, aquí, se adjudica el rol de ordenadores de las leyes naturales y divinas y, como tales, suplantan las creencias de generaciones anteriores.
Son, en síntesis, los nuevos dueños de los órdenes divinos, sociales, políticos y científicos.
Si quiere usted conocer sus nombres solo tiene que examinar las noticias sobre las causas que han abrazado durante los últimos dos años. Ahí están todos.
No se deje manipular por sus aparentes mesianismos salvadores desde el hombre hasta el universo. Ellos no son mesías sino falsificadores, y sus causas son solo justas de apariencia. Su misión es hacer dinero.
Marcos R. Taveras es consultor privado
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