Los medios de comunicación han estado reseñando noticias cuyos contenidos asustan, por lo que parece percibimos como rol paterno inferido del comportamiento de niños y niñas.
Hoy se relata que una madre por segunda ocasión pierde hijos pequeños que ha dejado solos en su hogar con puertas cerradas con llave y bajo la luz de una vela encendida.
En ambas ocasiones y en barrios diferentes, la vivienda se incendió perdiendo a sus hijos en el fuego.
Son cinco pequeñines que se han perdido por irresponsabilidad materna cuando menos, porque cualquiera puede ser tentado pensar que el accidente fue fruto de una acción premeditada.
Escuchamos el caso de una niña que trató de envenenar a sus dos padres porque no aceptaba sus regaños, mezclando con veneno para ratas una bebida que les preparó.
Nos enteramos por la misma vía del caso de un infante de siete u ocho años de edad, a quien otro niño de siete años le sustrajo su lápiz en el salón de clases.
Respondió la agresión tirando al compañerito al suelo y pateándolo en el cuerpo y la cara. Más tarde, durante el recreo, se armó de una navaja con la cual profirió una enorme herida de mejilla a mejilla que pasó el cuello por detrás y que requirió cincuenta y seis puntos de sutura.
En otro caso, un niño intentó quitar la vida de su maestra mezclando con una sustancia tóxica, “plomerito,” un refresco que le dio a beber.
He visto pasar por mi casa un grupo de niños de alrededor de diez años vestidos de negro lanzando piedras y artefactos explosivos hacia el interior de las casas del barrio, en un blitz al estilo de las fuerzas nazi.
También se ve el jolgorio de los niños del barrio que compran fuegos artificiales en los colmados, y luego los usan en el vecindario con la aparente complicidad de sus propios familiares.
¿Qué nos pasa? Tenemos la obligación de examinarnos a nosotros mismos, porque la conducta de estos infantes es obra nuestra.
Obra del hogar, del vecindario, de la escuela y de la sociedad, porque los niños aprenden de la conducta que observan en su entorno e internalizan los valores que perciben en los demás.
Tenemos que cambiar, los padres primero, para eliminar la violencia doméstica de nuestras vidas y recuperar la costumbre de hacer conjuntamente con los niños la comida, el estudio y la recreación.
Si usted, padre o madre, cree que no tiene tiempo piense sobre lo que está ayudando a crear, y se dará cuenta de que tiene que sacar ese tiempo.
Marcos R. Taveras es Consultor Privado
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