Avanza el año y el calendario se deshoja día a día. Un año más y un nuevo aniversario de la gesta del 14 de junio. Este año la efeméride nos encuentra en un momento difícil como nación.
De nuevo las banderas, los discursos, los reportajes en los medios y la presencia vertical de los expedicionarios sobrevivientes que reiteran su compromiso libertario que no aplacan los años.
La patria les debe y, sin embargo, a veces podríamos pensar que hemos malgastado la herencia de su sacrificio.
Mi generación no conoció la dictadura, se nos hace difícil hacernos una idea del ambiente de control que existía durante los años del trujillato. Los que vivieron la época me han dicho que nada se compara con la mordaza y las cadenas que se le impusieron a la vida durante 31 años. La dictadura permeaba hasta los más recónditos rincones de la sociedad.
La cotidianidad y la intimidad eran controladas por el aparato represivo; se temía incluso de los propios pensamientos. Es lo que me han contado.
Las expediciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo quizás hayan fracasado militarmente, sin embargo, el atreverse a desafiar al monolítico aparato militar de Trujillo rindió sus frutos en la organización clandestina que tomó como nombre la fecha de la expedición de Constanza.
Un junio más y esta es otra nota que se suma al recuerdo. Mañana comienza el tránsito hacia el próximo junio y aquí estaremos el año que viene si Dios quiere. De nuevo se repetirán los homenajes, se echará mano de las frases hechas, se dejarán volar al aire palomas de la paz y los hombres de junio descansarán en brazos de la patria agradecida.
Los organizadores de los homenajes se saldrán con la suya satisfechos de haber cumplido con un rito anual. La vida proseguirá y si esto no se detiene o cambia de curso es menester preguntarnos ¿qué tipo de país será aquel en el que se celebre un nuevo aniversario del 14 de Junio?
Está de más citar la etimología de la palabra democracia; está de más citar los preceptos que consagra la Declaración de Derechos Humanos; está de más citar los aportes a la democracia de los grandes próceres de uno y otro país.
Está de más hablar de Duarte, de Manolo, de Caamaño en este junio que se atropella entre protestas, denuncias y escándalos de los que nadie parece saber nada y cada día crece la sensación de que no hay autoridad. Estamos en una democracia pero cabe preguntarse ¿es esto lo que querían los hombres de junio de 1959?
Marcos A. Blonda es arquitecto
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