Como ejercicio de análisis y para proyectar el impacto futuro de las decisiones de Miguel Vargas Maldonado y su equipo como respuesta a su derrota en el PRD, es interesante comparar su estrategia con la utilizada por Danilo Medina, tras su fracaso en la convención del PLD para escoger su candidato en las presidenciales del 2008.
Medina resumió su reacción ante este fracaso en una frase inteligente bien escogida: Me derrotó el Estado. No negó que fue vencido, pero ofreció una explicación que se bastaba por sí sola. Aceptaba el triunfo ajeno, pero reclamaba una especie de victoria moral, que lo fortalecía. Así apostaba al futuro.
Como no podía renunciar a la victoria moral reclamada ni tampoco atentar contra el posible triunfo electoral de su partido, a continuación optó por utilizar el silencio, una delicada y riesgosa estrategia política, que manejó bien y resultó provechosa.
Superado el momento electoral, mantuvo la estrategia del silencio como factor diferenciador. Ausente de la escena pública, trabajó pacientemente, sin atacar el gobierno peledeísta, pero sin decir una sola palabra en su favor.
Se diferenció, además, ofertando una propuesta de gobierno con lineamientos precisos, como fórmula de diferenciación por lo positivo.
No ataco, pero explico mi propuesta y los potenciales seguidores comparan y sacan conclusiones.
Así se convirtió en una opción de cambio dentro del estatus-PLD, repitiendo la experiencia de un gobierno que ofrece la opción de oposición en sus filas, sin conflictos notables, porque la disensión no se hace pública, pero asegurando que se perciba la diferencia. Resultado: Danilo es un candidato a vencer.
Miguel hace todo lo contrario. Pierde, pero arrebata. No tiene argumentos creíbles, pero afirma que no perdió y no acepta la derrota. MVM, el que ayudó a Leonel Fernández a aprobar su reforma constitucional, que castró al PRD como partido opositor y le abrió las puertas para ser candidato en las elecciones del 2008, dice que perdió porque los seguidores de Fernández votaron en la convención del PRD.
Su posición, sin apoyo lógico y sólo defendida por un escaso número de sus parciales, se percibe como chantaje. Como decir: Dame lo mío porque puedo echarte un jabón en el sancocho y frustrarte la fiesta.
El partido no interesa. Un chiquitismo político para mostrar su poder para derrotar al PRD, aunque se hunda políticamente.
Y para colmo, descalificarse a sí mismo reclamando la presidencia de su partido, después de haber alegado con fuerza que ese cargo debe ocuparlo el candidato presidencial para que no se use en contra de sus aspiraciones. ¿Quién se beneficia de Miguel?
Manuel Quiterio Cedeño es periodista
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