Reflexionaba para escribir sobre las idioteces políticas de Miguel Vargas y sus liliputienses, y la enfermiza afición del PRD al conflicto, o sobre la innecesaria tanda de provocaciones del Gobierno/PLD al empresariado y las elites intelectuales y políticas, cuando escuché a Magaly Caram hablar en televisión sobre los logros de Profamilia en sus 45 años.
Me pregunté, si era justo un artículo a la aridez de la política teniendo un tema tan positivo. Si no conoce esta historia, Profamilia surgió en 1966 para promover la planificación familiar, cuando la tasa de crecimiento de la población era del 3.5% anual, la tasa de fecundidad era de 7.5 hijos por mujer.
Fue un valiente desafío a la ignorancia en una sociedad sumamente conservadora inclinada a rechazar la idea de que las parejas tenían derecho a decidir cuándo y cuántos hijos tener. Se luchó tesoneramente contra el atraso con un ambiente negado a las nuevas ideas. Se logró un respiro cuando el Estado aceptó el reto del cambio e introdujo la planificación familiar en sus servicios de salud.
Mucho tiempo ha transcurrido. Pocos recuerdan ese pasado en el cual comprar píldoras anticonceptivas o acudir a un servicio de salud sexual y reproductiva era un acto de rebeldía contra el status. Hoy, casi el 100% de las mujeres y hombres aceptan el uso de métodos modernos para organizar la fecundidad, aunque aún tenemos un 11% de la demanda de servicios de salud sexual y reproductiva insatisfecha.
En nuestra sociedad se han registrado importantes cambios culturales, algunos muy positivos, como esta revolución que impulso Profamilia, cuyo trabajo incansable estimuló el surgimiento de una nueva visión sobre los derechos sexuales y reproductivos, y la atención a la salud sexual y reproductiva ya no es un tema conflictivo en el debate. Junto con el país, Profamilia ha cambiado y hoy es una de organización de servicio social adaptada a los nuevos retos.
Cumple 45 años como una sólida institución dedicada a la salud sexual y reproductiva en el marco de la atención integral de salud, cuya pequeña red de clínicas demuestra que no estamos obligados a escoger entre los desastrosos servicios estatales y la costosa red privada, porque también existe la opción de impulsar la empresa social eficiente, capaz de ofrecer atención de salud de primera calidad.
El año pasado, además de sus programas sociales -por ejemplo- sus cuatro clínicas atendieron 43 personas cada hora laborable, ofrecieron 52 mil consultas y procedimientos de medicina general y especializada, 341 mil pruebas de laboratorio y 70 mil personas usaron sus servicios institucionales por primera vez. Y son clínicas exitosas económicamente sustentables. Sí se puede. ¡Gracias, Magaly, por demostrarlo!
Manuel Quiterio Cedeño es periodista
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