El aspecto colateral más resaltante de la convocatoria para las próximas elecciones es la aparición de la JCE como árbitro de los debates internos de los partidos y su decisión de poner algunos límites a la degradación del sistema de partidos que entra en su área de gestión.
Las organizaciones políticas al quedarse sin árbitros respetados habían perdido la posibilidad de dirimir sus diferencias internas de forma justa y atendiendo a sus estatutos. Sus cuerpos directivos devinieron en una partidocracia que se apropió de las organizaciones y las maneja a su antojo.
En el PRD esta situación se profundizó con el cambio de dirección y la puesta en marcha de una estrategia para el control total de sus instancias de mando por parte del nuevo grupo de dirigentes, que postula como el perfil de un “nuevo PRD”, la eliminación de toda disidencia y la exclusión de otros sectores como fórmula de unificación y vía para ganar la candidatura presidencial para el 2012.
Pero en el PRD al igual en el PLD y en los demás partidos, la situación se puso al rojo vivo con el proceso de selección de los candidatos a dirigir los municipios e integrar el Congreso Nacional a partir del 2010. El paso más negativo en el PLD, PRD y PRSC fue la decisión de reservar para la partidocracia una proporción escandalosa de las candidaturas. En el caso del PRD, sus nuevos dueños reservaron para sí más de la mitad de los principales cargos, pero en este propósito -¡sorpresa!- lograron el visto bueno de la Cámara Contenciosa de la JCE.
Adicionalmente, asignaron numerosas posiciones a recién llegados de otros partidos violando la norma que exige un tiempo de militancia para poder optar por una posición electiva. También se aliaron al PLD para intentar una fórmula que les permitía violar la ley de cuota de la mujer.
El colmo fue la decisión de los dirigentes del PLD y el PRD de no conformarse con la exagerada cuota de candidaturas reservadas por ellos y proceder a despojar de sus candidaturas a militantes que las habían ganado en las convenciones.
Esta acumulación de desmanes políticos desbordó la copa y el clamor público llegó tan alto, que la JCE se animó a poner un orden y ha devuelto sus candidaturas a los despojados, ha puesto algunos límites a la reservación de candidaturas, ha rechazado postulaciones no documentadas, está exigiendo cumplir la cuota de la mujer donde no se respetó y está tomando algunas medidas de control. ¡Bien por la JCE!
Manuel Quiterio Cedeño es periodista
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