Confieso mi admiración por la valentía política de Milagros Ortiz Bosch.
Es necesario un gran valor personal y mucho apego a una militancia histórica para aceptar el reto de acudir a una campaña electoral con un partido dividido que muestra incapacidad casi infinita para administrar sus diferencias.
Una organización como el PRD con tantos meses dando traspiés, con una dirigencia sin rumbo que la ha desconectado de sus bases y del sentimiento crítico de la clase media, diluyendo su función opositora y en vez de crecer en medio de la crisis económica pierde simpatías colocando el partido alrededor de 10 puntos por debajo de la votación obtenida en las elecciones celebradas hace solo 20 meses.
Se requiere mucha seguridad personal para concurrir como candidata en la principal demarcación del país, con el PRD dirigido precisamente por un grupo que huye como el diablo a la cruz de las ideas progresistas que ella postula y ha hecho todo lo posible por desacreditar a la generación de líderes a la que ella pertenece y levantó esa organización, y se muestra incapaz de pactar con las fuerzas internas al tiempo que está muy dispuesto a negociar con los contrarios de ese partido.
Milagros es una mujer de condiciones políticas muy especiales.
Quizás solo ella podía lograr que –a pesar de la resistencia inicial- por primera vez en muchos meses, la dirección del mal llamado “nuevo PRD” diera un primer paso en la dirección correcta y respondiendo a su convocatoria, se reuniera con las principales figuras de esa organización y asistiera a un encuentro con Hipólito Mejía, Luis Abinader y otros, a los que parece no tomar en cuenta.
Algunos entienden que Miguel Vargas Maldonado accedió a esta reunión obligado por la imperiosa necesidad de resolver el problema de la candidatura del PRD a la senaduría por el Distrito Nacional y reducir la presión que significan la abultada lista de provincias en las que sus torpezas políticas han dejado a su partido sin completar la lista de candidatos al Senado.
Milagros hizo de nuevo un importante servicio a su partido al condicionar su candidatura a la realización de ese encuentro.
Aunque quizás es tarde para guisar habichuelas, la dirección del “nuevo PRD”, puesta ante el inesperado impacto de la reunión, reaccione y aprenda una regla elemental de política, y es que para ir a la competencia con posibilidades de éxito, lo primero que se necesitan es contar con fuerzas propias.
Manuel Quiterio Cedeño es periodista
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