El diputado Eugenio Cedeño se quejó de mi artículo de la semana pasada que cuestionaba algunas de sus ideas sobre el libre acceso a las playas.
Algo que debemos organizar. A continuación comparto un resumen de mi carta de respuesta:
Los dominicanos tenemos el derecho de hacer lo que nos venga en gana con las playas y el turismo.
Es nuestra vida y nuestro país. Al hacerlo, debemos recordar que los turistas también tienen derechos y el principal es escoger en qué playa pasar sus vacaciones.
El mundo está lleno de playas iguales y mejores que las nuestras; y las playas arrabalizadas no tienen mercado, porque nadie paga por ellas.
No tenemos que ir a ningún lugar para aprender sobre esto. Boca Chica y Sosúa son buenos ejemplos de lo que ocurre cuando las playas se manejan con sentido populista olvidando nuestras realidades.
Bávaro no es buen ejemplo de playa 100% abierta, aunque sí se puede circular por la franja frente al mar libremente, sin tener ojos verdes, y se puede acceder a ella por varios puntos sin restricciones.
Pero nadie puede negar la principal virtud de esta playa que es atraer al país 2 millones de turistas que crean empleos directos e indirectos para más de 150 mil dominicanos, y representan un movimiento productivo que el año pasado superó los RD$200 mil millones.
En ninguna parte del mundo encontraremos personas haciendo filas para venir a nuestras fabulosas playas.
Tenemos que atraerlas y cuando hacemos tonterías se nos caen los mercados y ocurre como en Puerto Plata que en 10 años ha perdido más de US$2 mil millones en ingresos por turismo.
El turismo y las inversiones que captamos son un asunto fundamental para los dominicanos. Me explico. Por ejemplo, la corporación Sol Meliá tiene 350 hoteles alrededor del mundo. Aquí sólo son cuatro.
Si los cierra, en pocas semanas, sus propietarios olvidarán el asunto, porque su vida no cambiará.
Esto será una cita de tres párrafos en la memoria anual de la cadena, pero será una la tragedia para los dos mil empleados que tiene la empresa aquí y para los suplidores de servicios, alimentos, bebidas y otros, que perderán un buen cliente.
Los hoteleros que han invertido aquí tienen sus vidas resueltas. No pasarán calamidades si en RD el negocio se hace imposible. La decisión de qué hacer con el país es nuestra.
Podemos buscar más inversiones o expulsarlas. Cuba es un ejemplo. Fidel primero echó a los hoteleros, pero 30 años después son socios muy queridos.
Manuel Quiterio Cedeño es periodista
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
Comentarios (0)