El diputado Eugenio Cedeño hace un favor al turismo con su proyecto de ley para regular el libre acceso a las playas.
Afirmarlo parece contradictorio porque es un promotor de la consagración del libre acceso como principio constitucional; pero no lo es, porque sus ideas –por lo menos las que reportan los diarios- son tan inverosímiles que tienen la virtud de mostrar, que estamos ante un tema complejo y es riesgoso improvisar; lo que no quiere decir que el libre acceso es imposible de organizar.
Primero debemos definir ¿qué es una playa?, para decidir si es factible cobrar a quienes desean usarla, o cómo organizar allí el uso de mesas, sillas, “cocinilla” y “estufas portátiles”.
Por ejemplo, está el caso de playas muy famosas en las que es posible –me consta personalmente– la libre circulación por el frente de los hoteles como Bávaro-Macao; Playa Dorada, Bayahíbe y Las Terrenas. En ellas he caminado libremente por la franja junto al mar frente a los hoteles.
En ellas, al mismo tiempo, también existen áreas que utilizan hoteles amparados por decretos del Presidente de la República, un permiso previsto en la Ley 305 de 1968 que establece la franja marítima de 60 metros que son de dominio público, “salvo los derechos de propiedad”, precisión que apareció en la legislación en diciembre de 1938, en el mismo acto legislativo que creó la “franja marítima” de dominio público.
Estas realidades, amparadas por ley, exigen precisar qué es lo que el proyecto de Cedeño, u otro que se presente más adelante, entiende como “playa” en cuyas áreas los ayuntamientos u otro organismo podrían autorizar el expendio de comidas y bebidas y montar locales para tales fines. Podría ser que la “playa” que quiere organizar Cedeño sean los 60 metros de la Ley 305, que respeta el derecho de propiedad y que da potestad al Poder Ejecutivo a autorizar su uso para fines turísticos, como se ha hecho en todas las zonas turísticas a favor de hoteles y proyectos inmobiliarios.
Una cosa sería que la institución del Estado a la que se encargue de hacerlo (¿?) organice cada cierta distancia las vías peatonales de acceso a las playas; y otra, que en una propiedad pública o privada contigua a la playa se creen áreas de servicio para quienes no usan hoteles; y que estos establecimientos, al igual que los hoteles, ofrezcan servicios regulados por Turismo, Salud Pública y Medio Ambiente. ¡Por Cedeño ya sabemos qué no hacer!
Manuel Quiterio Cedeño es periodista
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
Comentarios (0)