Quienes apuestan al fracaso del vicepresidente ejecutivo de la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales deben diseñar muy bien sus estrategias, porque cualquier desliz tendrá un efecto contrario y traerá una avalancha de apoyos para él. Jugar sucio contra Celso Marranzini no es recomendable.
Lo que ocurre con el apagón general de este miércoles es aleccionador. En cuanto se supo la naturaleza del caso, comenzó a circular el comentario sobre un posible sabotaje.
Ayer temprano, en acreditados programas de comentarios de la radio y televisión, se reclamó una investigación a fondo para establecer con precisión las causas del apagón.
La idea de que pudo ser un sabotaje se difundió tanto, que al mediodía El Nacional desplegó en primera página el título: “Creen hubo sabotaje en apagón”.
Si acaso esto fuera cierto, y ojalá existan otras explicaciones verosímiles, lo más penoso es que muchos –aunque sea injusto– estarán tentados a mirar hacia el anterior responsable de la conducción de la empresa, porque aquí “al dedo malo todo se le pega”, y él salió muy mal parado del cargo y sin tiempo para aliviar su imagen.
Marranzini goza de credibilidad, tiene fama de ser un diestro gerente y no es político profesional, pero tampoco un ignorante de la política. Ahora tiene mucho respaldo en diferentes sectores y debe aprovechar el momento.
Pero también tiene mucho en contra y debe manejar los aspectos negativos con mucha sabiduría. No puede ser timorato, pero tampoco debe moverse más rápido de lo posible.
Lo de la electricidad es una vieja crisis, pero aún los casos de crisis tan añejas tienen sus diferentes etapas y momentos, y en esta –al encomendársele a él- se abre un nuevo capítulo.
Una de las aristas más difíciles será la comunicación.
¿Callar, al estilo de la gerencia privada? ¿Hablar, hablar… al estilo de los gastados políticos? Ni mucho bla bla bla, pero tampoco callar.
Los especialistas advierten siempre que los momentos iniciales de una crisis (en este caso un nuevo capítulo de una vieja crisis) son los más delicados y aconsejan: “Muévase rápidamente. Las primeras horas después de que la crisis explotó son extremadamente importantes, porque las percepciones en la opinión pública se forman principalmente a partir de las informaciones que circulan en el primer momento”.
El apagón, accidente o sabotaje, es una señal de la complejidad de un tema que ahora, con Marranzini, es mucho más que encender generadoras o reducir costos y eliminar gastos superfluos y botellas. Son muchas las expectativas.
Manuel Quiterio Cedeño es periodista
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