El gobierno del PLD pasa por uno de sus peores momentos desde que regresó al poder en el 2004, sin embargo, sigue apaleando al PRD con ventaja y con su acción política cotidiana sin molestarse siquiera en criticar su pedestre manejo político de los últimos tiempos, comportamiento que le ha permitido al presidente Leonel Fernández y su partido navegar en medio de la tempestad sin la presión de enfrentar una oposición política eficaz sabiamente conducida.
El último capítulo comenzó con la decisión de Miguel Vargas de aceptar al margen del PRD un acuerdo con el presidente Fernández centrado en la no reelección presidencial para crearle al mandatario nuevo un futuro político, dándole la opción de ser candidato presidencial para el 2016 y al mismo tiempo ofrecerle a Hipólito Mejía una oportunidad de regreso a pesar del declive de liderazgo.
Excelente regalo de Miguel Vargas a Fernández, que al parecer no tenía asegurada en su propio partido una fórmula de reforma constitucional que le asegurara aspirar de nuevo a la Presidencia de la República, y la oportunidad de actuar ante el país como dueño del escenario nacional enderezando entuertos, organizando a sus anchas la vida política y decidiendo el curso de la oposición escogiendo y ungiendo con ese acuerdo a su opositor favorito, que ya había derrotado con una ventaja de 12 puntos porcentuales.
De paso, también le echan un poco más de gasolina a la hoguera quienes deben ser sus opositores, al negociar un acuerdo personalista y desconocer la institucionalidad del partido contrario.
Ahora el PRD gasta todas sus energías políticas en sus diferencias internas. Miguel golpeando a gusto a sus opositores e imponiendo un nuevo orden basado en un partido sin disidentes ni críticos; y sus perseguidos buscando fórmulas para mantenerse a flote en medio del huracán.
Es lo que ves cuando miras hacia el lado blanco. Al voltear al lado del PLD, observas a Fernández -en medio del alud de críticas sin parangón a su gobierno- actuar como gran líder reuniendo a los presidenciales de su partido para organizar la acción concertada, y esta semana su comité político aprueba los acuerdos para actuar en el cambio constitucional anual en los gobiernos municipales.
En el lado blanco (en la derecha) la incapacidad para la democracia y el entendimiento, y en el morado (también muy en la derecha), orden y entendimiento.
En este lado también hierve el agua, pero no se ve el vapor. Así golpea el PLD.
Manuel Quiterio Cedeño es periodista
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