De los diferentes cambios, ascensos y nombramientos que hizo el presidente Leonel Fernández el pasado 16 de gosto, lo que más parece haber llamado la atención y ha causado revuelo en las redes sociales es la designación de un “director de embellecimiento”.
Sin embargo, lo considero perfectamente coherente con la tradición de un Presidente que tiene asesores en leguminosas, asesores culinarios, asesores automovilísticos, entre muchos otros de similar naturaleza.
Extrañamente, el Ejecutivo también tiene numerosos asesores en áreas donde se supone que la asesoría debe proveerla el órgano rector de la materia en el país.
Por ejemplo, tiene asesores en materia de juventud al margen del Ministerio de la Juventud, asesores en materia de drogas al margen de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) y del Consejo Nacional de Drogas (CND), asesores en tránsito terrestre y transporte al margen de las más de 10 instituciones dedicadas en teoría a trabajar el tema, y entre muchos otros una impresionante cantidad de asesores policiales al margen de la Policía Nacional y el Ministerio de Interior y Policía.
En la mayor parte de estos casos no se trata de verdaderas asesorías derivadas de una destacada formación del asesor y un profundo trabajo de investigación, sino de premios de consolación para personas que han tenido que remover de sus cargos y dejar sin funciones (como los anteriores jefes de la Policía Nacional) o clientelismo puro reflejado en una respuesta rápida a aquellos olvidados que se quejaron de ser dejados fuera del pastel a pesar de que hicieron la ardua labor de acompañar al partido en sus recorridos de campaña con los carros llenos de afiches.
Por supuesto, lo anterior no significa de modo alguno que se trate de cargos honoríficos producto de una honorable vocación de servicio, sino más bien de empleos muy bien pagos y muy poco trabajados, más cónsono con una vocación de servirse.
Obviamente, la hipertrofiada nómina pública sustentada por los contribuyentes no se encuentra abultada únicamente por estos innecesarios funcionarios, pues no pueden dejarse fuera los excesos en subsecretarías, los ministros consejeros, los agregados culturales, los vicecónsules, los secretarios sin cartera, los subdirectores, los subadministradores de comedores económicos entre otros tantos que, en su mayoría, la única función que ejercen es cobrar sus jugosos salarios.
A pesar de lo anterior, el Gobierno sigue realizando reformas fiscales, cobrando altísimos impuestos por bienes inelásticos como los combustibles, endeudándose al extremo, y en general buscando por todas las vías recursos para que el pueblo dominicano, que ni siquiera recibe servicios básicos de calidad como la salud y la educación, continúe sustentando a un inmenso grupo de botellas.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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