Muy pronto deberá reunirse el Consejo Nacional de la Magistratura para elegir los nuevos jueces de tres importantísimos tribunales. A raíz del pacto político llevado a cabo entre Leonel Fernández y Miguel Vargas Maldonado en calidad de presidentes de los dos principales partidos del país, aun a regañadientes de algunos, las leyes del Consejo Nacional de la Magistratura y del Tribunal Constitucional son hoy una realidad (o casi una realidad en el segundo caso).
Esto significa que muy pronto tocará al Consejo Nacional de la Magistratura reunirse para la selección de los jueces que integrarán el Tribunal Superior Electoral, el nuevo Tribunal Constitucional y una Suprema Corte de Justicia que, aunque son algunos los que se retiran por cuestiones de edad, el organismo tiene la facultad soberana de, previa evaluación, cambiarlos a todos.
A pesar de que el Consejo es sin dudas político, compuesto por políticos y en estos momentos mayoritariamente controlado por el partido de Gobierno, la sociedad espera que lejos de una repartición en cuotas por intereses partidarios se respete el anhelado principio de independencia del Poder Judicial y se elijan personas preparadas y que aún dentro de la parcialidad que caracteriza al ser humano tengan la capacidad de ser justos e imparciales en su trabajo.
Y sin dudas en el país hay muchos que reúnen estas condiciones y que tienen las aptitudes para ser buenos jueces. Antes que todo debería el Consejo iniciar su búsqueda entre los jueces de carrera del tren judicial actual.
Ya que, aunque hay deficientes, lo cierto es que en un grupo de casi 700 jueces también hay unos cuantos caracterizados por su seriedad y probidad. Pero casi todos estos tienen una virtud que a veces constituye también su principal talón de Aquiles: mantienen un bajo perfil, hablando sólo por sentencias como manda la prudencia y no hacen “campaña” para ser tomados en cuenta para nuevas posiciones.
Lamentablemente hay un grupo de magistrados que se han dedicado a promoverse cual si fueren candidatos para cargos electivos directos, ya sea a través del típico “cabildeo”, la creación de asociaciones que no representan ni el 2% de los jueces y con el único fin de hacer ruido para hacerse notar, y hasta mecanismos modernos como la creación de “Fan pages” en Facebook y el uso de otras redes sociales.
Por lo absurdo de lo anterior y la forma en que desnaturaliza lo que debe ser un buen juez, son justamente éstos los primeros que deberían ser descartados por el Consejo Nacional de la Magistratura para los cargos tan importantes que ellos tienen el reto de llenar con gente meritoria.
Este Consejo tiene un compromiso con el país y ojalá logren pasar a la historia por sorprendernos y hacer las cosas de un modo diferente.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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