Uno de los acontecimientos más importantes para Estados Unidos y para el mundo es el operativo militar que resultó en la muerte del jefe de Al Qaeda y quien se atribuyó el liderazgo del atentado del 11 de Septiembre del 2001.
Si bien no deja de ser criticable la manera en que los soldados norteamericanos dispararon contra un hombre desarmado y frente a sus hijos menores de edad, lo cierto es que en comparación con los millones que gastó George W. Bush, las guerras injustificadas que propició y la cantidad de vidas de civiles y de soldados norteamericanos que se perdieron en la búsqueda sin éxito de Osama bin Laden, merece un aplauso el operativo rápido y pequeño que ordenó Barack Obama, un Presidente mucho más inteligente.
Y evidentemente, mucho le convino a un mandatario que hasta hace poco no gozaba de popularidad entre sus gobernados y que hoy, gracias a la muerte del líder de Al Qaeda, las nuevas encuestas publicadas por el Washington Post lo posicionan con un 57% de las preferencias electorales y subiendo, lo que casi garantiza su reelección. Algunas preguntas surgen, sin embargo, ante la forma en que se condujo el operativo.
Por ejemplo, ¿hasta qué punto era mejor capturar a Bin Laden muerto y quizás con ello exacerbar el resentimiento islámico en lugar de tener una posición más parecida a la del presidente Truman cuando propició los juicios de Nuremberg contra los criminales nazis?
¿Resulta en realidad más prudente no presentar las fotos del cadáver y con ello quizás dar paso a que los extremistas exploten las dudas de los que cuestionan las versiones oficiales relativas a al 11 de Septiembre?
Si bien Bin Laden era el símbolo máximo del liderazgo de Al Qaeda, la situación en que fue encontrado también hace cuestionar que fuese el líder en funciones y probablemente otros sucesores de su liderazgo, como Aiman Al Zawahri, eran en la práctica más operantes.
Por lo que el terrorismo no murió con este terrorista y Al Qaeda tampoco, lo que plantea en el mundo mayores retos de extremar las medidas de seguridad ante los probables intentos de fundamentalistas molestos y vengativos.
De ahí que personas como el cineasta Michael Moore, creador de controversiales documentales que ponen en tela de juicio muchas de las informaciones divulgadas por el gobierno norteamericano, afirmen hoy que “en cierta forma Osama ganó porque el miedo ahora nos gobierna”. De todas maneras, la desaparición física de personas que han cometido crímenes atroces contra la humanidad es siempre buena noticia, pero no por ello se debe dar cabida a la falsa creencia de que el mundo es hoy más seguro.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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