Los pasados días 4 y 5 de marzo estuve muchas horas verificando las páginas de Internet contentivas del padrón presuntamente semiabierto que sería utilizado en la Convención del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Hice esto con el propósito de ayudar a mis allegados a tener la información exacta de dónde votar y confirmar que estaban hábiles para ello.
Sin embargo, grande fue mi sorpresa ante los desastres encontrados en dicho padrón y más grande aún mi decepción ante una Comisión Nacional Organizadora (CNO) que yo, ingenuamente y por mi inexperiencia en política, asumía como imparcial, capaz y organizada.
Puedo asegurarles, no porque me lo hayan contado, no porque lo vi o lo escuché en las filas, sino porque lo pude constatar y comprobar personalmente con cédulas de familiares, amigos y conocidos, que un número importante de inscritos en el PLD, empleados públicos carnetizados como peledeístas e incluso dirigentes reconocidos del PRSC (sobre todo de la capital), aparecían “hábiles para votar”, por lo que simplemente votaron, sin impasses y sin tensiones, por la línea política que les bajaron, es decir, por Hipólito Mejía.
La gran paradoja fue que, cuando busqué a algunos miembros de Impulso por una Nueva Nación (INN), movimiento del sector externo que apoyó públicamente a Miguel Vargas en esta campaña interna, muchos de ellos aparecían extrañamente como “observados”, al igual que otros allegados míos que han defendido abiertamente la tendencia miguelista y que pude verificar en el padrón.
Siempre he entendido que en las competencias se gana y se pierde y que el que pierde en buena lid se engrandece al aceptarlo. Sin embargo, también he creído que al que derrotan con artimañas, con violaciones, con fraudes y vulnerando la voluntad popular, si lo acepta, entonces le faltaría carácter para ser un líder y no merecía ocupar la posición por la que estaba compitiendo. Y ese no es el caso de Miguel Vargas, hombre prudente, medido y conciliador, pero a la vez firme, decidido y sin ningún tipo de miedos y dubitaciones para defender lo que es legítimamente suyo y de la mayoría de los perredeístas.
La aceptación sumisa de trampas, lejos de unificar y fortalecer a un partido, lo convierte en una burla ante la sociedad y en este caso particular del PRD, permitirlo demostraría a los dominicanos que por más grande que sea el partido se dispuso a ser otra marioneta más del ego Leonelista.
Por eso, lejos del típico “déjalo así” de los cobardes, prefiero un “fuego por los cuatro costados” de un Peña Gómez valiente y con los pantalones para defender por encima de cualquier circunstancia lo justo y la voluntad real de su partido.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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