Este es un país en el que las instancias de poder conservan muy poca vergüenza. El Presidente y sus funcionarios participan en foros internacionales en los que justifican el incumplimiento de objetivos del milenio por la crisis económica y luego, con semanas de diferencia y como si se tratara de países distintos, participan en otros escenarios internacionales, paradójicamente con la presencia de algunos de los mismos actores de foros anteriores, para destacar una presunta bonanza económica producto de su gestión gubernamental.
Lo que tienen en común estas antagónicas participaciones es que han requerido viajes presidenciales con multitudinarias delegaciones y han constituido para el país gastos millonarios. Por ello, y por la opulencia que exhiben los funcionarios dominicanos en esos viajes, es que ha resultado tan difícil para muchos entender por qué a la República Dominicana le han suspendido el voto ante la Asamblea General y las Comisiones Especializadas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por atraso en el pago de sus cuotas, pasando con ello a formar parte, junto a países como Somalia y Liberia, de una reducida lista de “malapagas” que tiene el organismo.
La deuda acumulada del país es de 4.7 millones de dólares, lo que significa que hace muchísimo tiempo que no se ha pagado nada. Sin embargo, tuvo la oportunidad hasta finales de enero de hacer un pago mínimo de 368,600 dólares para impedir la suspensión del voto y no la aprovechó. Actualmente, la situación se resuelve en el mediano plazo con 1.5 millones de dólares.
Esto es crucial para el país toda vez que las elecciones de la ONU se avecinan y el embajador dominicano ha explicado que el país ha hecho compromisos internacionales con su voto que, obviamente, si no puede votar no podrá cumplir y por tanto dañaría su credibilidad ante la comunidad internacional. Sin embargo, a pesar de que para eso no aparece el dinero, apareció más del doble sólo para los gastos del avión para el reciente viaje del Presidente a Davos, toda vez que el Boeing privado que rentó para ello cuesta 110,000 la hora y entre Madrid a Ginebra, luego a Zurich, Bombay, Bangalore, Nueva Delhi, París, Miami y Santo Domingo, hay más de 30 horas. Eso, por supuesto, sin contar los gastos adicionales de un grupo de personas acostumbradas a darse excesivos lujos con dinero del pueblo.
Si en algún momento se quiere pensar qué le conviene al país, la República Dominicana necesita mucho más conservar su voto en la ONU y rescatar su imagen internacional antes que pagar viajes de un turismo presidencial que ni siquiera para entretener trae consigo algo que justifique los ridículos gastos.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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