Hace un par de semanas tuve la grata oportunidad de compartir con un grupo de jóvenes y con representantes del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, incluyendo al Ministro, en la siembra del “Bosque de la Esquina Joven”, en el Parque Nacional del Oeste.
Hasta ese día no conocía ese lugar, no había tenido la oportunidad de ver la maravilla que constituye el Palacio de Engombe y la Capilla que allí se encuentran y no hubiese imaginado las condiciones agradables de higiene y cuidado que se presenciaban en dicha área protegida. De allí surgió la idea de celebrar el séptimo aniversario de Juventud Nacional Comprometida (Junco), fundación que actualmente presido, en otra interesante área protegida: el Parque Nacional Manantiales del Cachón de la Rubia. Gracias al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, visitamos el parque, conocimos zonas de interés como la confluencia de los ríos Tosa, Tiburón y Ozama y sembramos nuestro “Bosque Junco”.
Fue una gran sorpresa para mis compañeros y para mí conocer un lugar tan espectacular en el mismo medio de la ciudad y especialmente tan cerca de áreas marginales. El lugar es muy limpio, muy verde y sumamente acogedor.
De hecho, mis amigos y yo quedamos con tantas ganas de volver que ya hasta para actividades futuras deportivas y recreacionales hemos contemplado el Parque.
Por primera vez unos jóvenes que, a pesar de lo mucho que promovemos la conservación del Medio Ambiente y la protección a nuestras áreas protegidas, teníamos poco conocimiento in situ de la gran mayoría de ellas, quedamos irremediablemente enamorados del verde, con ganas de conocer más sobre el tema, decididos a localizarlas todas y hacer una agenda de visitas para disfrutar la magia que ellas ofrecen.
Estamos deseosos de conocer los Saltos de Jima, hacer la Eco ruta de la provincia María Trinidad Sánchez o ir al Santuario en Samaná desde el que se pueden ver las ballenas jorobadas, entre muchas otras cosas.
Así como esto nos impactó tanto a nosotros, tiene el potencial de impactar a cada dominicano o dominicana que de seguro se convertirá en un doliente de las áreas protegidas en el momento mismo en que entre en contacto con ellas y comprenda la grandeza de lo que se quiere proteger. Por tal motivo, es de suma importancia que podamos promover el mensaje de que hay que volver al verde y que hagamos esfuerzos por conocer los invaluables tesoros que tiene la República Dominicana.
Con ello probablemente sea suficiente para concienciar a la población sobre el amor y el respeto a sus áreas protegidas y la hermosa herencia que con ellas deja a las generaciones futuras.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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