Me da risa y al mismo tiempo lástima escuchar a los funcionarios de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) hablar del presunto éxito que ha tenido el Censo de Población y Vivienda 2010.
No sé si es que quieren confundirnos o si están confundidos, pero estoy segura que al igual que yo, muchos de los que han experimentado el desorden del Censo también están sorprendidos con tan optimistas e irreales afirmaciones.
Los protagonistas del Censo son, indiscutiblemente, los empadronadores. Ellos son los que van a los hogares, los que hacen las preguntas y por consiguiente, los que recaban la información que posteriormente debe ser tabulada y analizada por la ONE para que arroje datos vitales para el país y para sus gobiernos. Por tal motivo, no importa qué tan buenos analistas manejen y trabajen la información, si ésta tiene errores importantes arrojará resultados equivocados y todo el trabajo y el dinero invertido en el Censo sería simplemente perdido.
Paradójicamente, a esas piezas claves para el éxito del Censo llamadas empadronadores, les fue restada su enorme importancia. A ellos se les había prometido el pírrico pago de mil pesos mensuales y mil trescientos a los supervisores correspondientes a dieta y transporte; luego, días antes del Censo, se les informó olímpicamente que les reducirían un diez por ciento a sus ya escasos viáticos.
Sin embargo, durante los mismos días del Censo, fueron muchos los empadronadores y supervisores que se quejaron de que no les habían dado nada, de que estaban gastando su propio dinero para transportarse y alimentarse durante el trabajo y que todos los caminos conducen a que no les van a pagar.
No es mucha eficiencia entonces la que se puede esperar de empleados que, con razón, estaban malhumorados, hambrientos y desganados. Y todo esto dio lugar a la presentación de falsas encuestas, lo que indiscutiblemente, si la ONE se precia de ser una institución seria, debe invalidar todo el trabajo.
Si no lo hace, al menos los que tenemos conocimiento de esto, estaremos claros de que la información que arroje el Censo estará contaminada.
Son numerosos los casos que conozco para corroborar lo que estoy afirmando, comenzando con mi propio ejemplo y el de mis familiares. Vivo en Bella Vista, en un edificio de apartamentos que tiene un curioso sello de Censada en la entrada, al igual que lo tienen las puertas de cada uno de los apartamentos en él, incluyendo el mío, por el cual ni se ha acercado empadronador alguno. El mismo sello está en la puerta de la casa de mi abuela, que reside en Naco, quien asegura ni siquiera haber visto a los empadronadores.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
Comentarios (0)