Wikileaks no es simplemente la página de Internet de un “grupo de locos” dedicados a crear revuelo en las relaciones internacionales de los Estados Unidos.
Contrario a esto, es un esfuerzo serio de periodistas, expertos en investigación y especialistas en distintas áreas que logran una forma abierta de comunicación como no la hay en ningún otro medio norteamericano.
La página, que es el reflejo de un importante grupo de trabajo sustentado con donaciones empresariales y particulares, existe desde el 2007 y ha tenido tres golpes importantes con temas que los estadounidenses sin duda merecen saber sobre quienes los gobiernan.
Primero, Wikileaks publicó el video de un helicóptero con soldados de Estados Unidos que en plena guerra en Irak arremetieron a tiros contra un grupo de civiles, asesinando a doce de ellos entre los que se encontraban dos periodistas de Reuters.
Segundo y muy importante para la comprensión plena sobre la guerra y sus consecuencias, Wikileaks publicó documentos muy relevantes sobre las guerras de Afganistán e Irak.
Sobre esta última, los documentos revelan que el sesenta por ciento de las personas que han muerto producto de ella eran simples civiles inocentes.
Recientemente, Wikileaks propinó su tercer golpe revelando más de doscientos cincuenta mil cables diplomáticos desde embajadas de los Estados Unidos en numerosos países del mundo contentivos de información dirigida al Gobierno central de su país, en la mayoría de los casos con datos sobre los líderes políticos.
Y aunque es lógico pensar que las embajadas recaben información sobre los políticos y las figuras de trascendencia en los países en las que están establecidas, debería ser inaceptable un grado tal de espionaje que penetre hasta la vida íntima de las personas como en el caso de Gadafi, de cuyas informaciones resalta su intenso romance con una rubia enfermera ucraniana o de Cristina Kirchner, a la que se han dedicado a investigarle su salud mental.
Resulta imprescindible destacar que la veracidad de las informaciones que ofrece Wikileaks ha sido reconocida por el Gobierno de los Estados Unidos, lo cual garantiza la credibilidad de una herramienta de información que los Gobiernos de países como el nuestro deberían agradecer y tratar de que permanezca funcionando porque les permite no estar tan ajenos de lo que piensan las autoridades norteamericanas de nosotros y del inusual interés que últimamente han mostrado sobre nuestra pequeña isla.
Y, aunque posiblemente Estados Unidos logre un artilugio legal para bloquear Wikileaks, lo cierto es que las recientes informaciones (y las venideras, si los dejan) sin dudas cambiarán las relaciones internacionales de dicho país con, al menos, algunos otros países del mundo.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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