El Presidente de la Suprema Corte de Justicia ha convocado a los sectores nacionales a la mesa del diálogo para discutir respecto a la delincuencia en la República Dominicana. No hay que ser un genio para imaginarse que se trata de un nuevo foro, conversatorio, cumbre o cualquiera de esos nombres con los que se denomina a tan comunes reuniones de disquisiciones retóricas que hacen ruido en la prensa pero que en la práctica no llegan a ningún lado.
Es predecible que participarán organizaciones de la sociedad civil que tratan temas de justicia, los medios de comunicación, las cabezas de varias instituciones del Gobierno, representantes de los partidos políticos, en fin, un grupo de gente que expresarán su preocupación sobre el auge de la criminalidad, que reiterarán el trillado discurso de la importancia de la familia y los valores éticos, y que saldrán de allí dando declaraciones, pero sin resultados concretos.
Sería una interesante novedad si la reunión fuese para tomar decisiones sobre temas puntuales que son evidentes. Por ejemplo, es obvio que Barrio Seguro ha sido un fracaso rotundo en la lucha contra la delincuencia. De hecho, los barrios que cada día se hacen más inseguros son justamente aquellos en los que el plan tiene años operando. Importante sería que en la reunión se plantee su eliminación y la utilización de los fondos que lo sustentan en cosas más importantes para eliminar factores de riesgo como la iluminación de calles y callejones o la instalación de cámaras de vigilancia en lugares estratégicos.
También, debería plantearse que ya está bueno de hablar de equipamiento de la Policía sin hablar de saneamiento. De nada sirve una institución llena de computadoras y buenas motocicletas si tiene material humano podrido. Se requiere limpiar y luego capacitar bien lo que quede y lo que se reclute nuevo, para luego ofrecerles salarios dignos que les permitan hacer su trabajo y vivir de él sin necesidad de corromperse.
Cuando se toque el tema del saneamiento no pueden excluir a jueces y fiscales. Por mala fe o por ignorancia muchos son responsables de que tantos delincuentes permanezcan en las calles. Y por supuesto, esta discusión debe combinarse con la urgencia de modificar el Código Procesal Penal en las partes que tanto daño hacen al sistema, como el no contemplar la figura de la reincidencia.
Claro que hay que hablar de prevención, pero de nada sirve si no se plantea la necesidad de aumentar el presupuesto en educación y salud, ofrecer mayores oportunidades de empleos y mejorar la calidad de vida de un dominicano que no nace delincuente, sino que a veces la sociedad lo convierte en uno.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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