Uno de los más importantes cambios de este 16 de Agosto fue la destitución del Jefe de la Policía Nacional, Rafael Guzmán Fermín.
Dicha decisión es una buena noticia ya que con ella existe la presunción de que se cierra un capítulo nefasto para el país producto de una gestión policial violatoria de los Derechos Humanos, abusiva y sumamente sangrienta, pues tiene el más alto balance de muertos a manos de agentes que cualquier gestión anterior.
Incluso la persona del saliente Jefe ha sido cuestionada por situaciones preocupantes como su amistad con el narcotraficante español Arturo del Tiempo, la facilidad con que le otorgó un carnet de policía honorífico, entre otras cosas.
El país debe celebrar que ya Guzmán Fermín tuvo que entender que los cargos y el poder no duran para siempre. Hoy, tenemos un nuevo Jefe de la Policía, Mayor General José Armando Polanco Gómez, en quien la población deposita sus esperanzas de que represente una jefatura diferente y en beneficio de la colectividad.
Polanco Gómez hasta hace poco fue Director Central de Investigaciones Criminales y antes de eso Director de Operaciones de la Policía. Fue junto al General Fructuoso cabeza del operativo de captura de presuntos sicarios vinculados a Figueroa Agosto y fue quien dijo que “no hay militares ni policías involucrados en el caso”.
Se recuerda que Polanco Gómez encabezó el contingente que en 2009 roció gas pimienta a jóvenes que llevaron a cabo el “zapatazo” contra la foto del Presidente en el Parque Enriquillo.
De igual forma, lideró el grupo de policías que desalojaron a los médicos del Colegio Médico Dominicano de la sede de Salud Pública en 2008, lideró el grupo que impidió la marcha de protesta desde Boca Chica hasta el Palacio Nacional en 2007 y frustró la marcha que planeaba Fenatrano hacia la Opret en 2008. Por otro lado, en 2005, su nombre figuraba entre 54 oficiales que se encontraban en el expediente, posteriormente desestimado a pesar de las quejas del fiscal, de la presunta estafa que involucraba 102 vehículos.
A Polanco fue que le encargaron dirigir la investigación de las torturas cometidas contra Carlos Paulino Lachapelle, a quien la policía dejó inválido de las manos, y a pesar de que lleva varios meses no ha arrojado resultado alguno.
Este señor luce sosegado y elocuente, siendo su más reciente declaración la afirmación de que en el país “la delincuencia está controlada”.
A pesar de esto, dicen quienes lo conocen que es un hombre capaz, inteligente y uno de nuestros mejores investigadores, así que debemos darle el beneficio de la duda y a priori un apoyo condicionado a que haga las cosas bien.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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