La percepción generalizada de la rueda de prensa en que la comisión investigadora presentó el informe relativo al asesinato del coronel González es que se trató de una obra teatral con muy malos guionistas.
Los temas tratados, fundamentalmente relativos a la conducta sexual de Figueroa Agosto y sus allegados, nada importan en relación con la trascendencia del caso.
Parece que las autoridades han querido dar circo al pueblo, apelando al morbo, para entretener y distraer la atención de los dominicanos de lo realmente relevante.
Más que explicar con quién se acostaba Figueroa Agosto, debieron los relatores del informe aclarar ciertas interrogantes que hasta ahora han quedado sin respuesta.
Por ejemplo, ¿por qué el Ministerio Público fue tan negligente y nada diligente al instrumentar el expediente de Sobeida Félix? ¿Por qué los fiscales nunca solicitaron al juez de instrucción una autorización para intervenir sus teléfonos? ¿Con quién trabajaba Bienvenido Saviñón, ex mayor titular de la placa oficial encontrada en la yipeta en el caso del coronel? ¿Cuáles son los nombres de los Generales y funcionarios públicos que, según el asesor del Poder Ejecutivo en materia de narcotráfico, Vincho Castillo, forman parte de la estructura de Figueroa Agosto? ¿Cómo es posible que Agosto haya escapado en Campurria y a pies, bajo fuego pesado, de un contingente policial?
A pesar de este show para argumentar a favor de un supuesto éxito en la lucha contra el narcotráfico, todo esto evidencia que ha sido un fracaso rotundo.
Smester, Ibarra y Peláez son apenas presunciones frágiles que demuestran que la soga corta por lo más fino. En cambio, Figueroa Agosto, su concubina Yadira Nin y Sobeida Félix, piezas fundamentales del caso, están prófugos por incapacidad de las autoridades dominicanas.
El informe, luego de los detalles innecesarios sobre sexo y relaciones, concluyó, sin datos precisos, que el asesinato del coronel lo cometió Figueroa Agosto por “motivos pasionales”, en un país donde la estadística revela que prácticamente todos los casos por estos motivos se dan en los estratos más bajos de las clases sociales, lo que indiscutiblemente no era el caso de los involucrados.
Esto se parece a lo de Florián Félix, que desde que lo identificaron como narcotraficante se convirtió en el culpable favorito de todos los casos, aún estando preso, ahorrando a las autoridades su labor investigativa.
Y es que lo último que se pierde no es la vergüenza, pues ya este Gobierno hasta eso perdió, lo último que se pierde es alguien a quien culpar de sus propios errores.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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