Pensar en lo que ha sido de nuestro país en este año 2009, con excepción de todo el que es parte del Gobierno o beneficiario directo o indirecto de este desastre, sin dudas constituye una causal de preocupación y desesperanza para los dominicanos.
Y por más que busco elementos para que este artículo pueda dejar un mensaje optimista, lo cierto es que en lo relativo a calidad de vida, situación económica, progreso y en términos generales todo lo que compete a la gestión gubernamental, no encuentro noticias positivas de estos últimos doce meses. Sin embargo, algunas cosas me ayudan a no cerrar el día con una depresión de fin de año.
Por ejemplo, en este año que termina, miles de dominicanos participaron en la cuarta entrega de Caminantes por la vida, y marchando por una causa noble y altruista, demostraron que las adversidades no han impedido que este sea un pueblo con gente buena y solidaria.
En este mismo 2009, grupos de la sociedad civil compuestos por jóvenes, como los movimientos Toy Jarto y La Multitud, entre muchos otros, alzaron sus voces, dedicaron tiempo, dinero y esfuerzo, pusieron todo su empeño en defender causas en las que creen y demostraron que, contrario a lo que plantean muchos discursos, en República Dominicana hay una juventud llena de valor, de conciencia social, de interés por el bienestar colectivo y a la que, sin dudas, le importa su país.
Y casi cerrando el año, Martha Heredia se suma a la lista de dominicanos que hacen destacar al país por el talento de su gente y enorgullece a la sociedad convirtiéndose en la primera dominicana en ganar un Latin American Idol.
En mi vida personal ha operado la misma dicotomía. Tuve en este 2009 situaciones difíciles que en ocasiones me provocaron tristeza.
Sin embargo, fue justamente este mismo año en el que experimenté el momento que hasta ahora ha sido para mí el más importante: una propuesta de matrimonio y con ella el compromiso y la satisfacción de compartir mi vida, con virtudes y defectos, con triunfos y fracasos, con la persona que amo y deseo me acompañe el resto de mis días.
Por todo esto, es que aún creo en la esperanza, creo que siempre hay algo agradable que se puede y se debe destacar, que aparecen motivos que justifiquen una sonrisa y sobre todo creo en un Dios bueno que aunque muchas veces no lo merezcamos siempre nos da razones para ver el vaso medio lleno. ¡Feliz año 2010!
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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