Es innegable que hubo un momento en que los agentes de Amet realizaron un trabajo que logró impactar a la población dominicana y que permitió percibir ciertas mejorías.
Cabe destacar, por ejemplo, que el importante uso del cinturón de seguridad se hizo habitual gracias a las presiones de estos agentes y que, de igual forma, el uso del celular cuando se conduce ha disminuido considerablemente, por las mismas razones, posiblemente evitándose con ello algunos accidentes.
También, gozaban estos agentes de una muy buena reputación entre los dominicanos.
Eran considerados, en su mayoría, incorruptibles y por ello contrastaban tanto con los policías de tránsito que anteriormente existían.
De igual manera, se les veía mucho más capacitados y se asumía de ellos un nivel de preparación considerablemente más alto que el de los policías comunes.
Las cosas, lamentablemente, han cambiado. Se han convertido los agentes de la Amet en otros más de lo mismo, siendo cada vez más deficientes, negligentes e impertinentes.
Usualmente no aparecen cuando son necesarios pero siempre están, perdiendo su tiempo y haciéndole perder el tiempo a los demás, en los lugares en los que evidentemente no hacen falta.
Razonar con ellos es una utopía y hablarles de la Ley 241 les causa tanta sorpresa que parece como si les hablaran en otro idioma.
Ahora la tendencia es que se conglomeran en los mismos sitios y ni siquiera se ponen de acuerdo en la manera de manejar los taponamientos, dando muchas veces órdenes contradictorias que confunden a los conductores y hasta los inducen a cometer faltas por la ausencia de organización.
Un ejemplo actual es lo que ocurre frecuentemente en la Winston Churchill con Charles Summer, donde se juntan innecesariamente cuatro agentes de Amet que se comportan como aprendices y no coordinan entre ellos mismos el trabajo, provocando serios problemas de tránsito que no se habían presentado antes de su presencia en el lugar.
Lo peor de todo es que su labor es claramente selectiva. Son muy autoritarios y hasta abusadores para tratar con faltas cometidas por jovencitos, por mujeres solas o por personas mayores, pero nunca se ven los agentes de Amet utilizando las mismas formas para lidiar con insolentes motoristas y choferes de carros públicos que violan la ley en sus narices y hasta se burlan de ellos.
Amet tuvo una vez un período de luces, pero últimamente experimenta un tiempo de sombras.
Ojalá sus autoridades no permitan que tantos desaciertos empañen las cosas buenas que durante un tiempo hicieron.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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