Tomando en consideración que por estadística es sabido que la población dominicana es mayoritariamente joven, la apatía de este sector a los partidos, justificada por cierto, constituye un problema de gran importancia.
La situación parecería que afecta fundamentalmente al que tiene aspiraciones de ocupar cargos electivos.
Sin embargo, en el mediano y largo plazo termina causando un daño a la sociedad ya que, debido a esto, muchas personas con ideas modernas y con buenas intenciones se autoexcluyen de la toma de decisiones y por tanto, se quedan vacíos los espacios de poder para ser ocupados por todas aquellas figuras repetidas que perpetúan los males que desvirtúan la política como ciencia y arte para alcanzar el bienestar colectivo y la convierten en simple politiquería.
Estaría demás profundizar en ejemplos de casos que provoquen en la juventud este rechazo, pues las denuncias de corrupción, de nepotismo, de tráfico de influencias y de prevaricación son muy conocidas.
Y aunque algunos jóvenes representantes de organizaciones no gubernamentales han protestado en muchos casos, han intentado tomar acciones ante la justicia y en general han tenido una actitud crítica frente a estos temas, a fin de cuentas seguimos mal representados por los mismos viejos robles que imitan, desde distintas instancias de poder, con distintas siglas partidarias y con diferentes matices, las mismas inconductas.
Es por todo esto que ha llamado positivamente mi atención algunos cambios que he visto en los partidos políticos a nivel de precandidaturas para los próximos comicios congresuales y municipales.
Se trata de una nueva ola de jóvenes preparados, con trayectorias limpias y con discursos realistas que, tanto en el PLD como en el PRD y hasta en el reformista, han decidido asumir el reto de iniciar esa carrera.
Y para todos los que han visto desde alguna cercanía esos procesos de campaña es sabido que el camino es largo, que desgasta, que provoca sinsabores y que no ofrece garantía alguna de que no harán alguna artimaña esos que son siempre los mismos y que quieren ir a los cargos públicos a seguir haciendo lo mismo.
Anteayer, por ejemplo, fue el lanzamiento de la precandidatura como diputado de Tobías Crespo.
A una persona joven y capaz como esa, que ha probado ya que sabe trabajar, deberían esas figuras tradicionales al menos no tratar de cerrarle el paso como usualmente lo hacen en beneficio de intereses personales.
A nivel congresual y municipal, mucho de lo que hay no sirve. Por tanto, si queremos un mejor bizcocho, es tiempo ya de cambiar la receta.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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