Producto del descontento generalizado que experimentamos los dominicanos con la actual gestión gubernamental y los numerosos escándalos en los que se han visto diversos funcionarios públicos de alto nivel, se tornó común la petición popular a nuestro primer mandatario de que cancelara y amonestara a varios de estos servidores.
No obstante, el presidente Fernández, coherente con su forma típica de accionar en estos casos, hizo exactamente aquello a lo que ya nos tiene acostumbrados desde su primer Gobierno: distraer nuestra atención con un innecesario movimiento de funcionarios que, como un juego de mesa, puede entretenernos un rato pero en realidad no resuelve problema alguno ni responde a nuestras quejas.
De hecho, agrava el Presidente la hipertrofia estatal con su abultada nómina al continuar creando cargos para presuntos asesores que no se necesitan y de los que no quedan muy claras sus funciones, pero sí sus salarios.
También, premia nuestro jefe de Estado a todos aquellos que son objeto de fuertes cuestionamientos relativos a posibles actos de corrupción cuando, en lugar de cancelar estos empleados públicos y someterlos al menos a una exhaustiva investigación, los mueve de lugar con una nueva designación que implica muy poco trabajo y con ello, prácticamente, les permite disfrutar con mayor tranquilidad y menos presión todos sus beneficios.
Por otro lado, designa el presidente Fernández en ciertos puestos específicos a personas que han sido muy críticas, ya sea por convicción o por intereses, de sus antecesores en dichos cargos.
Al hacer esto, sin embargo, se burla del país y de estas mismas personas que, aún si tienen intenciones reales de resolver los problemas, entran a esa vorágine al aceptar ese regalo envenenado y se convierten en parte ineludible de un statu quo que no pueden cambiar y que por consiguiente, les hará a ellos quedar mal, a los previos limpiar un poco sus nombres, al presidente de la República lavarse las manos una vez más y a todo los dominicanos que no están como sanguijuelas pegados del cuerpo estatal seguir sufriendo las consecuencia de una administración desastrosa.
Con excepciones contadas de instituciones que hacen un incuestionable trabajo, como el INDOTEL, la ONAPI, el IDAC, el CNC, el Banco Central o la Dirección General de Tránsito, entre otras pocas, hace tiempo que los que llevan las riendas del país perdieron la vergüenza y dejaron ver su refajo. Ojala y los dominicanos, que estamos viendo y viviendo claramente todo esto no nos hagamos los ciegos, por intereses coyunturales, a la hora de ir a las urnas.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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