Zelaya ha dicho que si los Estados Unidos y su presidente Barack Obama así lo quisieran, hubiesen intervenido en la situación hondureña, derrocando el régimen de facto y reposicionándolo a él como Presidente legítimo de la nación latinoamericana.
Una posición similar ha sido planteada por otros mandatarios de la región, especialmente por el presidente de Venezuela Hugo Chávez, quien ha externado duras críticas contra Obama por no jugar un rol más activo, entendiendo (Chávez) que Obama debe intervenir directamente en el conflicto.
Barack Obama, efectivamente, si bien ha condenado de manera enérgica el golpe de Estado y ha señalado que el mismo es inaceptable, tampoco se inclina a encabezar una intervención norteamericana para no atentar contra la soberanía de un país democrático e independiente y no perpetuar patrones de neocolonialismo yankista establecidos por sus antecesores en el cargo.
Con esta postura, Obama no sólo está dando absolutas muestras de coherencia con lo que fue siempre parte de sus discursos de campaña, sino que además está actuando con impresionante valentía toda vez que se está atreviendo a llevar a cabo lo que ningún presidente norteamericano ha hecho aunque lo profese: romper definitivamente con esa justificada imagen de EEUU que le ha hecho ganar tanto desprecio, tantos reproches y tantos enemigos a nivel internacional.
Esto es, intervenir antojadizamente en situaciones de interés nacional de otros países y creerse, por tanto, la policía del mundo.
Paradójicamente, los mismos que hoy atacan públicamente a Obama por la postura de respeto a la soberanía que ha fijado y por negarse a violar el orden jurídico internacional, son los que con mayor efervescencia han enfrentado en otras ocasiones al Gobierno de los Estados Unidos por su cooperación con países de América Latina en ciertas áreas que ellos han entendido como la imposición del imperialismo y un atentado a los principios democráticos.
Un ejemplo es el caso colombiano, ya que, muchas han sido las críticas expresadas por personas que como Chávez consideran que la colaboración norteamericana con el Gobierno de Colombia en materia de lucha contra el narcotráfico y contra la guerrilla constituye una intervención inaceptable en temas nacionales.
A pesar de la presión derivada de esta doble moral, Barack Obama ha decidido ser el presidente que prometió.
Ha tenido el coraje de ser lo que algunos llaman “políticamente incorrecto” a fines de no ser el abusador, intervencionista y metiche que, con diferentes nombres, EEUU ha tenido por tanto tiempo.
Una ovación merece Obama por esa lección que ha dado al mundo.
Leila Mejía es abogada y comunicadora
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