Las sistemáticas subidas en los precios del petróleo y sus derivados, agravados por la inestabilidad política en el Medio Oriente y el norte de Africa (Libia, Bahrein, Yemen, Túnez…), a lo que ahora se le agrega el nuevo ingrediente del desastre nuclear en Japón que habrá de derivar en un aumento en la demanda de combustibles fósiles, y los consecuentes efectos negativos en la economía dominicana, debe mover a una profunda reflexión a todos los niveles, desde el gobierno, el sector privado y hasta las familias de manera particular.
Cada vez que hay una crisis de esta magnitud se prometen acciones y medidas de austeridad a todos los niveles, pero eso no pasa de simples intenciones o deseos, al final todo se olvida, como si viviéramos de espalda a la realidad.
Lo cierto es que somos un país pobre, con una población contabilizada por el reciente censo de población y viviendas en 9,378,818 habitantes, y con un vecino país (Haití), de igual tamaño poblacional (9.3 millones de habitantes), más pobre aún que nuestro país, sumido en una miseria espantosa, sin estructura productiva, sin autoridad, sin gobierno, sin nada, plagado de enfermedades y azotado por desastres naturales, cuya única esperanza de salvación es cruzar la frontera y engrosar la lista de consumidores de nuestro territorio.
Esto significa que si como país no asumimos con seriedad y responsabilidad el problema migratorio debemos prepararnos para alimentar, dar servicios de salud, viviendas, educación, agua, energía y transporte a 18.6 millones de personas.
Conforme a las estimaciones estadísticas del Banco Central para el presente año, el producto interno bruto (PIB) nominal crecerá en 4.92%, para un monto absoluto de 54,238.7 millones de dólares, lo cual significa un PIB por habitante de 5,783.1 dólares. No obstante este crecimiento, debemos entender que somos un país pobre, con una economía de servicio, que importa más que lo que exporta, con un déficit en la balanza comercial acumulado a septiembre de 2010 en 6,361.2 millones de dólares.
Es tiempo ya de que miremos hacia adentro, que tomemos los correctivos de lugar, que implementemos un verdadero programa de austeridad en el gasto, iniciando con el propio gobierno central, los gobiernos locales (ayuntamientos), el sector privado, los partidos políticos y hasta las familias de manera particular. Además, no podemos olvidar el control fronterizo, ya que de lo contrario el PIB por habitante puede pasar de 5,783.1 a 2,891.9 dólares.
También es oportuno que el Gobierno imite un poco a Balaguer y promueva el ahorro interno, y que dedique mayores recursos al fomento de la producción agrícola y las exportaciones de productos nacionales. Es hora ya de que pasemos de las palabras a los hechos.
Humberto Salazar es dirigente del PRSC
Comentarios (0)