En otro tiempo, cuando la vida era inocente, solía consumir el ocio con la memorización de poemas que descargaba del internet. No importaban entonces la Constitución de la República, el código procesal penal, la institucionalización democrática ni el Estado de derecho. Un día de esos encontré “Esperando a los bárbaros” del poeta griego Konstantino Kavafis, un poema épico que alude al desmoronamiento del imperio romano.
Pero nunca antes que ahora, cuando retorno a la poesía huyendo de las críticas, reproches e improperios evacuados por los detractores del código, pude vislumbrar su simbolismo intemporal y, sobre todo, su aplicabilidad a la confusión que obnubila el espíritu de quienes pretenden abolir el código acusándolo de ser “responsable de los errores humanos y de la violencia que nos azota”, en expresión del jurista Pedro Domínguez Brito (El Caribe: 17/02/2010).
Apunta el poeta que la sociedad romana se paralizó porque todos salieron a recibir a los bárbaros, el emperador, los cónsules, los senadores, los pretores y los ciudadanos en general. Pero los bárbaros jamás llegaron y el desconcierto embargó a quienes los esperaban esperanzados de que resolverían sus problemas.
“Y ahora, ¿qué será… sin bárbaros? / Esta gente era de algún modo una solución”. Pues resulta más fácil esperar a los bárbaros o atacar el código que asumir la responsabilidad de gobernar en momentos de crisis o impulsar reformas institucionales que garanticen la convivencia colectiva.
Si algo parece caracterizar a las instituciones nacionales responsables de estructurar e implementar políticas públicas en materia de seguridad es su afición a los espectáculos deslumbrantes. Es así que nunca faltan expertos internacionales que realicen diagnósticos o comisiones interinstitucionales de coordinación, como expresión de una “voluntad política” que suena bien en los discursos… Aunque que en la realidad siguen esperando que los bárbaros lleguen y resuelvan la alarmante inseguridad que nos aqueja. Gracias a eso la mayoría de los dominicanos cree que el código procesal penal es responsable del exorbitante aumento de la criminalidad y exige que el Congreso Nacional adopte “un código de bárbaros” para legitimar la contrarreforma que operativamente avanza reduciendo a simples pedazos de papel las garantías constitucionales que limitan el poder penal.
Pero si el código lo derogan ya no existirán excusas para justificar la inoperancia del sistema penal y el desconcierto anegaría el espíritu de sus detractores como aquellos que esperaban a los bárbaros de Kavafis. Este código es de algún modo una solución.
Félix M. Tena De Sosa
Investigador Asociado de la Finjus
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