Con el derrocamiento de Rafael Leónidas Trujillo Molina, surge en la República Dominicana la idea de la legitimidad del poder político. Muerto el tirano, los Estados Unidos analizaron tres posibles escenarios: El establecimiento de un estado democrático, un estado socialista (modelo cubano) o una nueva tiranía. Con ese objetivo el presidente John F. Kennedy envió al país a su embajador John Barlow Martin cuya misión esencial era lograr el establecimiento de un estado democrático.
Sin embargo, el golpe de estado al Profesor Juan Bosch después de haber ganado las primeras elecciones democráticas post Trujillo, mediante el sufragio universal en 1962; la intervención militar norteamericana y la posibilidad de la construcción de una democracia real en la década de los 60 y mediados de los 70, devaluaron el concepto democracia en círculos políticos y académicos.
A partir de la transición de mando en 1978, el horizonte democrático inicia un periodo de estabilidad. En 32 años (1978-2010) se han celebrado 13 procesos electorales democráticos, 9 presidenciales y 4 congresuales y municipales. La democracia dominicana se ha ido consolidando en las últimas tres décadas.
Hoy avanzamos hacia la consolidación de lo que la nueva constitución define en su artículo 7 como el estado social y democrático de derecho, cuyo fundamento es el respeto de la dignidad humana, los derechos fundamentales, el trabajo, la soberanía popular y la separación e independencia de los poderes públicos.
El nuevo texto constitucional consagra la legitimidad del acceso al poder por la vía electoral; establece la necesidad de fortalecer los mecanismos institucionales; reconoce que la justicia es fundamental para la consolidación de la democracia; organiza el funcionamiento del poder a través del estatuto de la función pública, el consejo del poder judicial, el consejo superior del ministerio público, el tribunal superior electoral, el tribunal constitucional, el ordenamiento territorial (descentralización de gobiernos locales), el consejo de seguridad y defensa nacional y el consejo económico y social. Una verdadera organización racional de la sociedad dominicana en todos sus aspectos.
Cuando se aprueben las leyes orgánicas o no, necesarias para el funcionamiento del estado, se revisen y adecuen los textos legales vigentes a la nueva constitución y se reglamenten sus procedimientos de aplicación, la sociedad dominicana habrá iniciado una verdadera revolución democrática, garantizando crecimiento económico, desarrollo sostenible, prosperidad y bienestar social.
Félix Bautista es ingeniero civil
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