Vivimos en estado de tensión, miedo y competitividad, como si se tratara de una gigantesca emergencia.
El miedo nos consume una gran cantidad de energía que agotan la creatividad y motivación. Si estás atemorizado frena tu potencial.
No debemos concentrarnos demasiado en las cosas negativas; en cambio, pensemos y actuemos para que las cosas mejoren disfrutando y apreciando lo que tenemos.
Si nuestros pensamientos los concentramos en lo negativo, significa que estamos insatisfechos; así no debe ser, porque perderíamos la batalla.
Debemos sentirnos contentos y agradecidos y solo ver el lado negativo para corregir y avanzar.
Los pensamientos negativos, destruyen tu paz interior, trastornan tus pensamientos y afectan tu organismo.
Cuanto más te concentras en los detalles de los problemas que te afectan, tu estado de ánimo se debilita aun más y pierdes la perspectiva de la realidad.
Sientes inseguridad, tensión y se apodera de ti una agitación increíble.
Si piensas en lo positivo, tu vida será más placentera, serás una persona más amable y bondadosa.
Recuerda que la vida está bien como es.
El escritor Richard Carlson nos plantea: “Cuando tienes lo que quieres (paz interior), te ves menos distraído por tus necesidades, deseos y preocupaciones. Y por tanto, te resulta más fácil centrarte en tus objetivos, conseguir lo que quieres y tener algo que ofrecer a los demás”.
A veces, despertamos a medianoche y pensamos en la agenda del próximo día, en todas las llamadas y reuniones pendientes, en las conversaciones y propuestas que debemos hacer en cada cita, pensamos en la cantidad de trabajo, pensamos que debemos cumplir con todas las responsabilidades y pasamos toda la noche ocupados en este ensayo mental.
Es simple, agradece que te hayas despertado y recordado algunas cosas pendientes de hacer, toma un bolígrafo y papel, anótalas y vuelve a dormir.
Si eres una persona muy ocupada, piensa que tu agenda nunca estará vacía, y que cuando eliminas o cumples con algún compromiso, sencillamente lo sustituyes por otro.
Recuerda que la vida no es una emergencia. Es una prueba.
Félix Bautista es ingeniero civil
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Comentarios (3)
UNA HISTORIA DE UN MONJE ZEN
Estaba en su lecho de muerte. Había llegado su último día y anunció que esa noche dejaría de existir. Sus seguidores, sus discípulos y sus amigos empezaron a llegar. Había mucha gente que le quería, y todos fueron; llegaban desde lugares lejanos.
Cuando uno de sus discípulos oyó que el maestro se iba a morir, fue corriendo hasta el mercado. Alguien le preguntó: El maestro se está muriendo en su cabaña, ¿por qué vas al mercado?
El viejo discípulo le dijo: A mi maestro le gusta un tipo de tarta determinado, voy a comprársela.
Le costó mucho encontrar la tarta, pero al atardecer lo consiguió. Volvió corriendo con la tarta.
Todo el mundo estaba preocupado, parecía que el maestro estuviese esperando a alguien. Abría los ojos, miraba, y los volvía a cerrar. Cuando llegó su discípulo le dijo: Muy bien, así que has venido. ¿Y dónde está la tarta? , El discípulo sacó la tarta y estaba feliz de que el maestro se la hubiese pedido.
Muriendo, el maestro levantó la tarta con las manos... pero la mano no estaba temblando. Era muy viejo, pero no le temblaba la mano. Alguien le preguntó: Eres muy mayor y estás a punto de morir. Pronto te abandonará el último aliento, sin embargo, no te tiembla la mano.
El maestro dijo: Nunca tiemblo porque no tengo miedo. Mi cuerpo se ha hecho viejo pero yo sigo siendo joven, y seguiré siendo joven cuando este cuerpo se haya ido.
Entonces le dio un mordisco y empezó a masticar la tarta. De repente, alguien le preguntó: ¿Cuál es el último mensaje, maestro? Pronto nos dejarás. ¿Qué quieres que recordemos?
El maestro sonrió y dijo: ¡Ah, esta tarta está deliciosa!.
¡Ésta es una persona que vive aquí y ahora!.
Del libro Coraje -Osho