Establecer la cultura del esfuerzo es fundamental para el desarrollo de las naciones. Los grandes genios de la humanidad, responsables de las grandes transformaciones técnico-científicas, eran poseedores de 1% de ingenio y 99% de esfuerzo.
Algunos ejemplos son interesantes para entender la importancia de la cultura del esfuerzo: Nos cuenta Juan Enrique Cabot, en su libro “Mientras el futuro te alcanza”, que en 1960, Singapur era una isla pequeña, pobre y aislada. Hasta 1975 no era ni siquiera un país, su futuro parecía tan desolador, que sus líderes fueron a Malasia a preguntar si estarían dispuesto a absorber a Singapur y hacerlo parte de su país.
Los líderes de malasia decidieron que absorber a Singapur los haría un país más pobre y decidieron declinar la oferta.
Singapur no tuvo otra opción que educar a su gente, reformar su gobierno, atraer conocimiento y ponerse a trabajar, y para 1978 hizo del inglés el idioma laboral, abrió las puertas a la inversión extranjera, se centro en la educación y el talento y asumió la tecnología como elemento fundamental en la economía del conocimiento, y para el 1999 los singapurense eran 2% más ricos que los Británicos, quienes los habían colonizado.
Hoy Malasia ocupa el número 51 en riqueza per cápita a nivel mundial, con unas reservas internacionales per cápita de 2,131 dólares, mientras que Singapur ocupa el número 16 del mundo con 21,405 dólares per cápita como reservas internacionales. En definitiva, Singapur estableció la cultura del esfuerzo y progresó.
En el siglo XIX, los cubanos y los argentinos eran más ricos que los norteamericanos, pero Estados Unidos, construyó infraestructura, acumuló capital, educó a su población, y hoy es la primera potencia global. Y lo ha logrado estableciendo la cultura del esfuerzo.
Japón, a mediados del siglo XIX (1853), decidió transformar su futuro bajo la dirección del Comodoro Mathew Perry, y aunque para 1960, la etiqueta “Hecho en Japón” era sinónimo de mala calidad, hoy Japón es la segunda potencia económica mundial, gracias a la cultura del esfuerzo.
En nuestro país, si queremos alcanzar el progreso económico y social y mejorar la calidad de vida de la población, tenemos que lograr una mayor cohesión social, enfatizar en el valor de la educación y la tecnología, y transformar en un imperio la mente de cada dominicano. Esto solo se logra, a través de la cultura del esfuerzo.
Félix Bautista es ingeniero civil
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