Por considerarlo de interés reiteramos nuevamente estas reflexiones:
Vivimos en un mundo lleno de complejidades: egoísmos, humillaciones, resentimientos, pobreza, desigualdades sociales, explosiones económicas, en fin, la aldea global se torna inhabitable.
Hoy vivimos en un mundo complejo y debemos reflexionar para evitar su autodestrucción.
En el epicentro de estas complejidades se encuentra el protagonista: el hombre.
Ese que ha transformado y sigue transformando el curso de la humanidad a partir de que los chinos inventaron el ábaco, los anteojos, la brújula, la pólvora y el reloj, a partir de la invención de la aspirina, el automóvil, la batería, la calculadora, la locomotora, la máquina de escribir, el piano, el submarino de hélices, el teléfono, el telégrafo, el telescopio, el termómetro, la vacuna, el microchip y el microprocesador, y muchos otros descubrimientos que nos han hecho avanzar y retroceder en el tiempo.
Ese personaje, que ha transformado la humanidad con su ingenio, ha producido y sigue produciendo, los elementos necesarios para su destrucción.
Una destrucción, que es producto de la propia competencia entre pueblos y naciones, entre gobernantes y gobernados, entre hermanos y hermanas, entre padres e hijos.
Una competencia irracional, donde predomina el poder, el dinero y la avaricia.
Vivimos en un mundo conformado por personas diligentes e inteligentes, diligentes e ignorantes, pasivos e inteligentes y pasivos e ignorantes.
Los primeros son aquellos que, según el profesor de la Universidad de Yale, Robert J. Sterndberg, se concentran en sus objetivos, se automotivan, controlan sus impulsos, son perseverantes, potencian sus habilidades, traducen el pensamiento en acción, no tienen miedo de arriesgarse, tienen capacidad para aplazar la gratificación, ven al mismo tiempo el bosque y los árboles y equilibran el pensamiento analítico, creativo y práctico.
En este renglón se encuentran los grandes pensadores. Los segundos, son aquellos que si obtienen algún grado de poder se convierten en un elefante metidos en una cristalería, pueden resultar explosivos.
Los pasivos e inteligentes, carecen de iniciativa, y los pasivos e ignorantes, no piensan ni actúan, representan la masa. Si queremos un mundo mejor, debemos ser diligentes e inteligentes y entender que el mundo de hoy se divide en especialidades.
Félix Bautista es ingeniero civil
Comentarios (1)
Las personas como este despota al igual que todos los demas politicos de este pais hacen cada vez mas inhabitable esta seccion de la aldea global ... si la reflexion se hiciera practica para las personas que ostentan el poder el mundo cambiaria.
Politicos del dicho al hecho por favor