Tiempos de campaña, tiempos de propaganda. Etimológicamente, el término propaganda proviene del latín propagare, que significa perpetuar, acrecentar, extender. Ha sido utilizada desde la antigüedad por la Iglesia, escritores, regímenes totalitarios y partidos políticos, con la finalidad de lograr que los ciudadanos acepten sus ideas o propuestas.
La curia Romana la utilizó para difundir el mensaje religioso y propagar el Evangelio; la obra “Los viajes de Gulliver” del escritor irlandés Jonathan Swift, que representó una crítica a la sociedad y la condición humana; “La cabaña del tío Tom” de la escritora estadounidense Harriet Beecher Stowe, que contribuyó al desarrollo del movimiento abolicionista en Estados Unidos; la propaganda nazi, fascista, y estalinista del siglo XX sirvió para conducir a una gran parte de la población a genocidios y guerras mundiales.
Joseph Goebbels, responsable de la propaganda nazi y del Ministerio de Educación Popular de Adolf Hitler, basó su propaganda en la promoción del odio y la superioridad de los alemanes. En definitiva, la propaganda es un medio poderoso de persuasión, que puede ser utilizada para el bien o para el mal.
La propaganda política que se transmite a través de los distintos medios de comunicación es una herramienta necesaria para promover las opciones electorales de los partidos. Se utiliza para influir en la conducta y comportamiento de los ciudadanos, transmitir el mensaje de campaña, motivar y persuadir a los electores, controlar la opinión pública y colocar en la mente de los votantes que deciden los procesos electorales mediante el ejercicio del voto, que la opción que se presenta en la propaganda de un determinado partido, es la ganadora. No hay campañas políticas exitosas, sin estrategias de propaganda convincentes.
La duración de la propaganda política es corta, está sometida a los plazos establecidos por la ley. Por lo general, está centrada en la personalidad del candidato. El mensaje debe ser sencillo, claro y convincente, que represente los intereses y deseos de los votantes. Es recomendable que el mensaje se seleccione mediante estudios focales en la población electoral, para que éste represente las aspiraciones de la población.
Mario Martínez Silva y Roberto Salcedo Aquino en la cuarta edición de su libro “Manual de campaña, teoría y práctica de la persuasión electoral” plantean que la propaganda debe abrirse paso hasta la mente del elector. “Hay que lograr que el mensaje sea recordable, sencillo, que conecte mental y emocionalmente con los votantes”.
Félix Bautista es ingeniero civil
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